15 dic. 2011

Capítulo Cuatro

Teresa reposaba en la cama. 
Su padre, se apuró en llamar por teléfono a Adolfo viejo amigo y médico de la familia; un hombre llano que más de una faringitis había calmado tanto a Simón como a Teresa les conocía desde chiquillos; acudió rápidamente con el maletín de toda la vida y que tantas veces los hermanos escondían para que Adolfo siguiera jugando con ellos.
Subió las escaleras no sin antes proporcionar un calmante a Claudia


-¡Sabía que le había pasado algo!, Adolfo -dijo entre sollozos la madre-
-Cálmate Claudia esto no le conviene a tu corazón.
-Adolfo cuando hables con Tere no le digas lo de la operación, aún no hemos tenido tiempo.
-No te preocupes Juan no me corresponde a mí. Pero tampoco lo demoréis, en marzo entrarás en quirófano ...
-Lo haremos, pero ahora no.


Abrió la puerta con cautela y ahí estaba su hermano tumbado en la butaca tapado con una manta y adormilado. 
De pequeños hacían lo mismo se cuidaban y mucho de vigilar el sueño del otro si se ponían enfermos siempre fueron uña y carne, siempre unidos en lo bueno y en lo malo y a pesar de su edad, a cada uno la vida le había puesto más de una zancadilla.
Simón sin ir más lejos, sufrió la desdicha de perder a su ser más querido demasiado joven.
Tenía 19 años y estaba tiernamente enamorado de su chica. Habían hecho planes de viajar a París ese verano en cuanto terminaran los exámenes-que los dos aprobarían-, y de matricularse, Simón en la Facultad de Medicina y Rebeca en Informática. Fueron dos años de intenso amor, tanto que siete después de la tragedia no es capaz de aceptar su muerte.
De ese nuevo estado de frialdad en el que Simón se instaló se dieron cuenta todos los que le conocían el día en que escuchando aquellas palabras que dedicó a su novia en una Iglesia abarrotada de jóvenes llorosos y en schok, él fue incapaz de llorar. 
Desde entonces no se ha podido subir a un avión, ni siquiera acercarse a un aeropuerto. 
Aquella tarde con las maletas hechas y todo preparado, a Simón le surgió un problema con la matrícula que debía solucionar de inmediato, así que Rebeca en vez de posponer el viaje, lo que hizo fue cambiar el billete de Simón para un día después, de este modo viajarían separados y ella le recogería al día siguiente en el Charles de Gaulle. 
Nadie imaginó que Simón viajaría junto a los padres de Rebeca dos días después para recoger su cadáver. El avión se estrelló en la frontera, por un fallo en los motores, no sobrevivió nadie.


Adolfo cerró la puerta y Simón se despertó. Tere empezó a murmurar algo y a moverse.


-¡Doctor, está despertándose¡
-Si, ya veo -sentándose en el borde de la cama, y cogiendo su muñeca para tomar el pulso- Lleva un ritmo muy lento, está calmada. 
Tus padres me dijeron que se tomó un somnífero, espero que esté receptiva. Debo preguntarle algo.
-Entonces será mejor que salga-dijo Simón-.
-Sí, os cuento luego.


Simón aprovechó para ver cómo seguía su madre, él sí sabía de su enfermedad, y también sabía que si le pasaba algo después de la discusión, Teresa no se lo perdonaría nunca.


Después de un examen previo el médico intentó sonsacar a Teresa.


-¿Me vas a contar que te pasa?
-No me apetece, Adolfo
-No se trata de algo físico, ¿verdad?
-Bueno, tenía fiebre hace unas horas.
-Ya, eso se cura enseguida. Lo que me preocupa es esta palidez y esos kilos que has perdido, ¿te has hecho alguna revisión recientemente?
-Lo cierto es que no. Los kilos se debe al estrés pero sigo comiendo igual, no te preocupes. Pero si crees que debes hacer alguna analítica házla.
-Pues claro, señorita, aún sigo teniendo criterio y ojo clínico aunque entre tú y Sofía me vais a volver loco.
-¿Cómo está mi amiga del alma?
-Me dijo que te dijera que muy enfadada, por que no le devuelves las llamadas...
-Mañana la llamo
-No mañana que te venga a ver y os contáis. Y de igual manera, recuerda que lo que me cuentes se convierte en secreto médico así que no dudes en contar conmigo para lo que sea. Voy a pedir los exámenes para descartar nada físico y así adentrarnos en otro tipo de diagnostico.
- Teresa, se ríe- Sí, igual me estoy volviendo loca. 
-No me refería a tu salud mental sino a la salud del alma, esa es la que me preocupa.
-Esa, está muy herida, Adolfo
-Pues habrá, entonces, que comprar un buen esparadrapo.
-Ahora descansa, duerme y mañana regreso y me traeré a Sofía conmigo de acuerdo, princesa.
- Sí, mi capitán-con una sonrisa espléndida-


Adolfo se levantó de la cama y abrió el maletín para guardar sus bártulos, cuando sacó una piruleta en forma de corazón y se la enseñó a Teresa. Ella la cogió rápidamente le miró y decidió dormir abrazada a aquel caramelo que le recordaba que la felicidad es como cuando era niña, dulce y caprichosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario