9 dic. 2011

Capítulo Tres

...Se recostó. Se cubrió con su vieja manta, no la abriga pero la hacía sentirse segura, y era lo que necesitaba por que sus recuerdos la machacaban; volvían una y otra vez, no dejaban de agobiarla se sentía enferma de verdad. Se llevó la palma de la mano a la frente y notó calor.


-¡Tengo fiebre!- 


No se lo podía creer. Abrió el cajón de la mesita, ahí estaba el termómetro, se lo puso. Esperó. El mercurio subió como la espuma 39 grados. Realmente se encontraba mal, tenía frío, pero imaginaba que se debía al disgusto, la pena que se había instalado en su alma... No creyó ni por un momento que todo ese dolor se reflejaría en su cuerpo 


Con todo lo que tengo que hacer!



Se puso las zapatillas y bajó a por algo que hiciera desaparecer la fiebre. Lo peor de su casa era que para llegar a la cocina debía pasar por el salón donde sin duda estaría su madre sentada en el sillón orejero negro y de piel de la abuela-lo heredó en vida-, siempre se sentaba en él como si no pudiera evitarlo, está tan viejo que mil veces le habían dicho que se lo llevara a arreglar, pero le gustaba así. Simón decía que lo hacía para hacernos de rabiar-pensó Teresa, mientras hacía equilibrios para que no la oyeran-, pero fue inevitable.


-¿Qué haces aquí?,  ¿no puedes dormir? preguntó su padre


Su madre miró por encima de los lentes que se ponía para ver la televisión, leer y hacer punto de cruz, la edad decía ella.


-Ya te lo dije Juan, esta niña está enferma y...
-No estoy mala, mamá, sólo tengo un poco de fiebre, bajo a la cocina a tomarme algo.
-Espera que te preparo un caldo, lo mejor para sudar.
-No quiero 
-Haz caso a tu madre Teresa, no te sentará mal-dijo Juan-.
-No que va, a mí nadie me hace caso y luego es peor el remedio que...
-Teresa cortó la conversación frenéticamente- Está bien, Claudia, no me des sermones, me tomaré el caldo y ya déjame en paz


Las dos se quedaron mirando, una por que jamás la había llamado por su nombre y la otra por que nunca se había atrevido a gritar a su madre, a sus 26 años nunca le había llevado la contraria pero no se sentía con ánimos para aplaudir sus ocurrencias; no se aguantaba ni a sí misma.


-Está bien hija como tú quieras
-Lo siento, mamá, no quería gritar, pero es que ...
-No se encuentra bien-dijo su padre intentando aliviar la tensión-.
-Espero por tu bien que salgas de esto tú sola o con nuestra ayuda pero, algo más te ha ocurrido que ese descalabro económico que ha supuesto para la familia....
-No mamá eso sí que no. Vuestro único riesgo fue el aval y tengo mí dinero para que no tengáis que perder la casa, mañana mismo iré al banco para cancelar la deuda y no os pongáis nerviosos que no seré yo la que invada vuestra terrible quietud. Si quieres también me voy de casa ya me buscaré la vida.
-Hija, cálmate, no hace falta que vayas mañana  mismo, hablé con mi amigo y me dijo que hasta final de mes no hay problema, e incluso le dijimos que nosotros asumiríamos la deuda para que tú...
- No papa bajo ningún concepto.
- ¿Qué te ha pasado hija no te reconozco ya?
-Ya qué mamá, ya qué ¿qué pensabas qué nunca iba a cometer errores? ¿que sería intachable y qué seguiría tu ejemplo? ¿Sabes qué? qué antes muerta que parecerme a ti en algo, fría y calculadora, incapaz de sentir compasión y amor nada más que por sí misma, quejándose de todo y de todos sin parar, pues no mamá además de estar hundida por que mi negocio se fue a pique mi alma no tiene sosiego, he perdido al amor de mi vida y de esto nunca, jamás me recuperaré-gritó desconsoladamente-
-Basta ya, basta a las dos. -dijo Juan levantándose y soltando el periódico-


Teresa le miró y dejó de verle.
Se desmayó.



2 comentarios:

  1. ufffff,solo se me ocurre decir q impresionante moni.

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  2. Anda¡¡¡¡ ya te acordaste como entar jajjajajaj
    Exagerada, no ye pa tanto...sólo son 3 capítulos... aún falta lo mejor pero gracias por los ánimos¡¡¡ un bsin

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