2 mar. 2012

Capítulo Ocho

Una de las pasiones de Juan era conducir. 
Se pasaba horas mirando el motor de su niño mimado, un BMW X3 gris plata, que ya tenía sus años pero lucía como nuevo y aún sigue siendo un tres plazas deseado por muchos.
Su ego engordaba cada vez que le decían lo bien cuidado que lo tenía; cada vez que descubría en una revista de motor y encontraba una nueva prestación que añadirle a su juguete. 
Su existencia después de años de gran esfuerzo se veía premiada ahora, tenía un presente agradable que blanquecía su pelo al igual que le permitía bajar el ritmo.
Llegaban justo a tiempo. 
Claudia sentada atrás cedió el asiento de al lado del conductor a la abuela; su movilidad no era la de antes y le costaba caminar así que mucho más subirse a la parte trasera de un "cochazo" cómo lo llamaba ella. Juan ayudó a Clara a quitarse el cinturón de seguridad y bajarse.


-Hijo, ¡ no entiendo cómo aún tienes este coche! Deberías comprar uno de esos pequeños y bajos que entran en todos los lados.
-Suegra, ¡No me diga eso este coche es fantástico!
-Mamá eres pesada como el plomo. No ves que no hay nada mejor con cuatro ruedas que el coche de tu yerno
-mientras del maletero sacaba varias bolsas- Su hija ya lo entendió. Mi vida no sería la misma si me quitan mi coche.
- ¡Jesús, Jesús! No entiendo que veis los hombres en esto de conducir creo que os sirve para marcar territorio como los perros. 
-¡Mamá, qué cosas dices!


Un ansioso Simón esperaba cual guardián paseando de un lado al otro de la entrada a casa a qué  los tres entraran. La misiva que iba a darles no les gustaría nada de nada y poco le gustaba quedar mal con sus padres no era el mejor momento con su madre apunto de operarse, pero él tampoco se iba a quedar a comer.
Saluda a su abuela con un efusivo abrazo y la besa.


-¡Cada día estás más guapa!
-No seas zalamero nieto cada día estoy más vieja, tendrías qué decir. ¿Qué te pasa que andas tan inquieto?
-Es que no me voy a quedar a comer.
-Claudia se da la vuelta y le mira- ¿Cómo qué no vas a quedarte estás tonto?, para una vez que viene la abuela.
-Simón seguía abrazado a su abuela- Ya lo sé pero no tiene por que irse que se quede a comer y cenamos juntos con Tere ¿no es buena idea?
-Eres un desagradecido hijo no me parece normal.
-Interrumpe- Tampoco viene ella abuela está con Sofía, en el viejo árbol. Sé que íbamos a decirle lo de mamá pero ella necesita tiempo. Quédate abuela, por favor. Yo la voy a buscar y por la noche.
-Esta bien hijo me quedo el fin de semana no tengas pena por eso... y trae a tu hermana
-Tú como siempre se lo consientes todo a los dos.
-Bueno no es para tanto mujer acaba de llegar, y es más fácil que le cuente todo a Sofía que a nosotros-dijo el padre-.
-Totalmente de acuerdo con Juan, hija, dale tiempo
-Los dos estáis en mi contra, bueno no los tres...y si ¿eso es lo qué no tengo?.
-¿El qué hija? ¿Qué te falta?
-Tiempo mamá, me falta tiempo.


Claudia soltó las bolsas con la compra y sollozando subió corriendo las escaleras hacia su habitación.
A Simón se le hizo un nudo en la garganta pero sonrió.


-¡Mamita querida pero ¡qué exagerada eres, si es una operación de nada ya veras!- gritó - 
-Si, seguro. Vosotros sabéis más de lo que contáis.
-¡Ay hija siempre fuiste muy melodramática-dijo Clara-.


Clara se sujetó del brazo de su yerno para ir hacia el sillón, y alzó la mano para despedirse de su nieto. 


-Papá déjame el coche Tere se llevó el mío.
-Ten mucho cuidado y da las curvas con precaución.
-Si papá lo tengo siempre.


Se iba decidido a escuchar a su hermana.
Estaba seguro que le habían pasado tantas cosas...Y volvería a ver a Sofía. Su amiga del alma al que le había roto el corazón. Simón sin querer tampoco controlaba el suyo, estaba perdido.





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