2 mar. 2012

Capítulo Nueve

Amor.
Inconsciente, alocado, apasionado, tierno, tenebroso, enfermo.
Ese sentimiento que te envenena la sangre en cualquier momento y al que la mayoría de las veces recibes con los brazos abiertos y despides con el alma muerta y envejecida. 
Al que permites que te someta por que al menos así podrás tener algo que contar en tu angustiada existencia.
Al que te comulgas una vez nada más en la vida y que convierte tu supervivencia en un recuerdo.
Al que una barita mágica golpea tu pecho miles de deseos emborrachados de pasión.
Al que abrazas cuando llega y no le dejas ir o jamás volverás a sentirle nacer.
El que tiene una voluntad incorruptible.
El que te hunde en la miseria.
El que te vuelve loco o loca, sin remedio.
-Nena no sé quien te ha hecho tanto daño pero no se lo sigas permitiendo no eres tú.-dijo asombrada Sofía-.
-He crecido de la forma más injusta que conozco, llorando.
-No- dice Sofía- eso no es crecer eso es morir. Pero te entiendo yo siento lo mismo.
-Y a ti y a Simón, ¿qué os ha pasado?
-No ahora no es el momento. Saca todo lo que llevas dentro o se te pudrirá dentro Tere. Debes hablar, llorar, lo que necesites.
-Va a llover.
-Pues nos mojamos. 
-Este sacrificio que estás haciendo esta penitencia estoy segura que tú no has jugado sola. Por cierto, ¿cómo se llama? 
-¿Quién? 
-El
-Sergio, tiene 30 años, y es propietario de una pastelería.
-Pues de dulce me parece que no tiene nada. Bueno a no ser que me digas-insistió Sofía- que vuestros encuentros eran en plan.."El Cartero siempre llama dos veces".


Las dos se miran y se echan a reír. No pudieron evitar acordarse del susto tan tremendo que se llevaron con la escena de la mesa. No tenían ni idea de que era el sexo, ni el amor, ni la vida. Eran niñas pre-adolescentes que habían oído y visto cosas en la tele e incluso se planteaba una gran reforma sexual en la aulas pero nunca le habían dado importancia.
Aquel fin de semana a escondidas pusieron un canal que siempre tenía rayas y hacía ruido pero esta vez no sabían por qué en casa de Sofía había imágenes. Sus padres habían salido a cenar por el aniversario de uno de los matrimonios y las habían dejado solas como lo que siempre eran, dos niñas responsables pero juguetonas que se entretenían disfrazándose e imaginando profesiones y que por supuesto como todas las chiquillas deseaban ser mayores.
Nunca se imaginaron sus padres que aquella noche a marchas forzadas y sudorosas se harían mayores. 


-Vaya, es que me lo dejaste a "huevo".
- ¿Te acuerdas la primera vez que vimos esa película?
-Perfectamente le cogí manía a la harina, e incluso al cartero, que le miraba y le miraba y nada... cada vez que mi abuela se ponía hacer cualquier masa, me ponía mala-continuaban riéndose a mandíbula abierta- Yo creo que me traumaticé y a ti la cosa te fue peor, vas y te lías con un pastelero.
-Mujer, bastante me acordé yo de la película. 
-¿Qué me quieres decir, qué la harina no estuvo presente en ninguna de tus noche de pasión?-dándose la vuelta-
-Tere la mira- Sofi, no seas tan frívola que me estoy muriendo por dentro.
- Está bien,-con una gran sonrisa en su rostro- perdona.


Las hojas del árbol bailaban a ritmo lento.
El aire se hacía fresco y convertía esa paz buscada en prisa. Sabían que iba a llover y no tenían las llaves de la casa. 
Volverían al coche
Hasta que el agua cayese seguirían hablando desentrañando esa tela de araña en la que Tere se había quedado pegada, inmóvil, sin poder caminar.


-Empezó a llorar- No puede estar sin él -dijo como pudo- Me duele tanto aquí-señalando en medio del pecho- Cuando decidimos dejarlo, me pasaba las noche oliendo el sofá donde se sentaba, me ponía la ropa que había dejado en casa, la lavaba y la planchaba una y otra vez como si fuera lo único que tuviera que hacer. Rezar en su altar, lloraba tanto que me quedaba dormida; llevo sin hacer una comida decente desde que se yo, y para colmo lo sigo buscando, aunque sé que estoy a kilómetros de distancia imagino que viene a mi encuentro que me echa de menos, que está arrepentido, que sabe que nadie le amará como yo, y que yo no amaré jamás a nadie como a él.
Tía me enamoré tan hondo que duele, y dolía estando con él -se tocaba la frente, se apartaba el pelo- Muchos opinaban que era una muerte anunciada, que eran nadar contra corriente.
-¿Por qué? ¿Era un picaflor?
-No sé-sonándose- a mí me daba igual lo que dijeran. Le vi y no hubo más.
-Tranquila, cuéntame más.
-Eres insaciable -ríe,llora-
-Creo que lo mejor es que empieces por el día que le conociste.
-Esta bien. Juraría-dice Tere- que fue después de tu cumpleaños; regresé a la capital para trabajar un domingo y me tomé un café donde habitualmente lo hacía cerca de la oficina. El dueño Felipe era muy amable y siempre me regalaba una rosquilla de anís de las gordas -gesticulaba con la mano- horneadas por su mujer. En ese momento llegaron varias personas al café y entre ellos, Sergio.  
Felipe, sabía que era nueva en la ciudad y decidió presentarme. Yo fui saludando de uno a uno y al llegar a él...
-¡Espabila nena que me va dar algo!
-Ya voy. Pues eso, que le miré y pensé "Dios mío, menudo lío en el que me voy a meter"
- ¡Ja, y de cabeza te fuiste al hoyo!
-El me miró tan intensamente, tan adentro, que creí volar sé que me puse roja y tenía calor, en pleno invierno. Nunca me había pasado algo así. No sabía qué hacer. Y en esas Felipe les dijo algo así como que estaría bien que me enseñasen la ciudad y Sergio se ofreció voluntario.
-¡Mira que amable, tú!
-Así que quedamos para el día siguiente y lo que hizo fue invitarme a cenar, y eso¡¡¡
-¡No me fastidies que te acostaste con él ese día!
-¡Qué importancia tiene Sofía por Dios pareces mi madre!
-Yo sólo digo que ...
-Nada no sé por qué te lo cuento. Vamos a ver, tenemos estudios, una independencia, un futuro espléndido;  y me vas a decir que un tío te va a juzgar por que tengas sexo el primer día.
-Pues sí
-Pues no, no me arrepiento de haberme acostado con él cuando me apeteció. Acaso me vas a juzgar tú.
-¡Eh, cálmate!. Yo no juzgo nada, digo que deberías haber sido más prudente. 
-Prudente fue mi abuela en su tiempo. Nosotras mientras seamos conscientes y consecuentes no debemos asustarnos del sexo. ¡Qué te pasa, Sofía! A no ser que pienses que hemos roto por eso.
-No Tere tampoco es eso. Pero tengo claro que mi gran error  es dejarme llevar y acostarme pensando que dominaría la situación.
-¿Qué me quieres decir con eso? ¿Con quien estás ahora?.
-Con tu hermano




Se miraron, se examinaron.
Empezó a llover.

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