21 ago. 2012

Capitulo Doce


                        

Aún mantenían el ritmo lento. 
A Teresa se le había iluminado el alma y en consecuencia su rostro escuchando con pelos y señales la historia de amor impensable de su hermano y su mejor amiga.
Melancolía.

Reía, lloraba, se abrazaban los tres en el fluir de los sentimientos encontrados.


Las veces que anduvieron buscándose y estaban juntos en el mismo lecho; las veces que agarrados al "no puede ser" se alejaron llorosos de otro momento de amor, las veces que se prometían saberse y se olvidaban de reír..

No fue fácil. Nada es fácil

Amar es un desastre a veces, b
ello.

Se les había pasado la tarde en el roble robusto e impasible.

Y se habían vuelto pequeños otra vez. 
Como niños avisados cientos de veces antes de ser castigados se acicalaron y corrieron a los coches.
Esta vez Simón llevaría su coche y Sofía, después de una orden de Teresa, iría con él hasta casa de sus padres.
Llegarían justo a la cena.
Un día infinito.
No compensaba todo su dolor pero, era feliz 



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