30 ago. 2012

Capítulo Catorce

                                
Cuando la abuela Clara iba a casa siempre se abría la mesa del salón. En aquella ocasión no iba a ser menos. 
Había muchas cosas de las que hablar. 
Juan lo había hecho todo, el mantel, la colocación de los platos, las copas, los cubiertos...todo como le gustaba a Claudia, no quería hacer nada que la importunase.

-Será mejor que os sentéis enseguida bajará mamá-dijo Juan-.

-Vale papá, ¿necesitas ayuda?-dijo Simón- No me cuesta nada subir y entre los dos..
-¿Qué tiene esta vez mamá?-expresó Teresa con ironía-Siempre está igual, ella no puede dejaros tranquilos, siempre...
-Calla y siéntate-le espetó su padre.

Teresa le miró sorprendida, pocas veces su padre le había tratado con tanta frialdad y desprecio. No dijo nada.

Se sentó.
Clara y Sofía se miraron.

-Hija, ya sé que tu relación con tu madre a veces ha sido un poco tirante, y que también tienes tus propios problemas, pero lleva esperando por ti muchos meses, desde que anunciaste tu regreso, y en estos momentos deberías aplacar tu rabia hacia ella, por que considero que a parte de no haberte hecho nada, sólo ha querido lo mejor para ti.


-Pues lo ha demostrado muy poco abuela; siempre ha sido demasiado exigente, no me ha pasado una, cosa que a Simón sí.


-Tere éste no es el momento de verdad. Déjala respirar-dijo Sofía, en un intento de tranquilizarla-.


-No sé que os traéis entre vosotras; siempre me habéis dado la razón. Siempre habéis dicho que era una cabezona...


-Igual que tú, hija. 

Igual que tú de testaruda. Las mujeres no lo hemos tenido nada fácil en la vida, y tu madre ha querido que sufras lo justo.

-Callaros las dos, creo que bajan. Tere, sosiégate, ¿vale?.


-Lo haré por que me lo pedís vosotras, y por que tampoco tengo el día.


-Eso hija, calma. Tu madre necesita, mucha calma.


Teresa miró a su abuela con cariño y no entendía qué misterio se traían con su madre todos.


-En un instante traigo la sopa-mientras Simón ayudaba a Claudia con la silla-.

-Te ayudo Juan.

Sofía se levantó y miró a su amiga, con gesto de advertencia.


-¡Qué raro que no sirvas tú mamá!-Mientras se coloca la servilleta-.


Todos la miran. Incluso su padre se gira amenazante, hasta que Sofía le posa amablemente la mano en la espalda en señal de tranquilidad y se dirigen a la cocina.


-No me encuentro muy bien, ya viene de atrás pero pronto estaré dando guerra otra vez, Teresa.


-¿Qué tienes?-llevándose un trozo de pan a la boca-.


-Bueno, un poco de todo.


-¡Ay mamá, no seas tan ambigua, por Dios! ¿Qué te ocurre? No será la tensión, como siempre, seguro que llevas un montón sin hacerte un chequeo. Deberías....


-Me tienen que operar hija. Estábamos esperando para contarlo. Es una intervención delicada. Y le he aplazado para que estuvieras aquí, en casa por...-Teresa la interrumpe-.


-¿Operar? ¿Delicada? ¿Pero, por qué, cuándo, qué..


-No te pongas nerviosa hija, qué tú no estás bien...


-Yo..


Teresa mira el plato humeante. ¿En qué momento se lo habían servido?

Se acababa de parar el tiempo. Todo iba a cámara lenta. 
Sentía un escalofrío imparable. 
¿Por qué tenía tanto miedo de repente?.
Cruzó la mirada con su abuela, ésta cerraba los ojos, como si rogara. 
Esto no entraba en sus planes. 
Su madre, su gigante a veces de paja, estaba enferma. 
El silencio era inoportuno. 
Tenía que saber.

-Mamá ¿qué tienes?


Se lo preguntó con tanta dulzura que todos miraron a Claudia, esperando su respuesta.


-Es el corazón. 

Estoy a la espera de un trasplante. 
Es urgente. Por eso digo que me van a operar en quince días-ríe, nerviosa-. Es duro esperar que alguien deje de estar para que yo pueda seguir. Al parecer se ha hecho más grande de lo normal-con lágrimas en los ojos-. Adolfo está en constante comunicación con Madrid, por si de repente, debo ingresar...

-Madrid...¿Pero por qué allí?


-Hija, el tema es grave y si no llega, la operación debe hacerse allí.


-Mamá, hablábamos casi todos los días, ¿por qué callaste?


-Come un poco, hija. Estás muy desmejorada. 


-No cambies de tema. 


-Quería que estuvieses tranquila, que la decisión de volver a casa no fuese  por mi culpa. No puede llevar eso en mí conciencia. Has vuelto por que has terminado un ciclo. Y ahora todos juntos, en familia, superaremos todo. Ya veras. 


-¡Estas asustada!. Tú nunca has sido positiva, mamá. 


-Mucho hija, mucho.


Se miraron. 

Teresa se levantó y fue corriendo hacia su madre. 
Ella abrió sus brazos, la recibió como a su pequeña, acarició su pelo y la calmó, como sólo ella sabía hacer.
A pesar de sus encontronazos se querían profundamente, como una hija quiere a su madre, como una madre es capaz de amar al ser que salió de su vientre.


  



No hay comentarios:

Publicar un comentario