2 sept. 2012

Capítulo Quince

En la cena apenas probaron bocado pero estuvieron allí escuchando la parrafada madre hija sin casi intervenir. 
Claudia tras tomarse sus pastillas junto a un gran vaso de agua decidió acostarse. Simón acompañó a Sofía a su casa no sin antes ser bendecidos por su relación. ¿La noche había refrescado o Teresa se había quedado helada con el anuncio de su madre?. No, es mucho más allá de lo que suponía una intervención, tenía más miedo del necesario no dejaba de ser su madre la fuerte, la indestructible. No daba crédito. Teresa tenía una conversación pendiente con Clara así que decidieron recoger al día siguiente la mesa y sentarse en el sofá.

-A veces parece que el tiempo nos caza.

-¿Por qué dices eso abuela?-mientras le ponía la manta en las piernas-
-Pues por que en ocasiones la batalla se hace cuesta arriba. Yo sería la que por ley de vida debería tener que enfrentarme con un mal, y sin embargo lo está haciendo tu madre mi hija, a la que nunca querría ver sufrir. Desde que le diagnosticaron la enfermedad me siento angustiada; intentando asimilar que a veces pasa, que los deseos humanos escapan a la propia voluntad de ellos.
-Me imagino que tu posición no es fácil.
-En peor posición está Claudia hija, ella tiene mucho que perder aún le queda mucho que vivir y experimentar sentimientos de abuela-mientras bebe un trago a su infusión- o veros casados a ti o a Simón.
-!Uy¡ pues a mí lo dudo, abu. Lo dudo mucho.
-¿No te quieres casar, nena? 
-En este último año y medio llegué a pensarlo fíjate tú, pero cuando las cosas no están de cara...
-¿Ese chico, te ha hecho mucho daño eh?
-Más bien me lo hice yo a mí abuela. Imaginé, sentí algo que sólo alimentaba yo, y que, aunque él estaba a mí lado, siempre sentí un vacío extraño, es como si hubiera salido con Sergio y con un tal "vacío" al que yo no invité. Creo que esa pena que siento en pleno esternón, tardaré mucho en soltarla, y tengo un miedo atroz a no volver a querer así jamás a nadie, sobre todo, por que aún le amo mucho abuela. Parece que el me prometiera la luna y para mí no fuera suficiente. Quizás fui yo la que no supe amarle..
-Siempre dije de ti hija, qué estabas enamorada del amor...qué serías un ser muy especial
-Sí abuela, pero Sergio, me amó, a su manera. A veces creo que él se asustaba de esa seguridad que siempre aparenté pero que cuando estaba a su lado se convertía en una nada enorme. 
-¡Ah! Su nombre es Sergio. Hija, tú llevabas un negocio, estabas en contacto continúo con otras personas, por supuesto que debías mostrar una confianza que seguro en la intimidad no tenías. ¿Qué sería de nosotros si obráramos igual con cualquiera?. El amor es entregarse. Hiciste bien, nena
-¿Bien? Abuela, estoy destrozada.
-Lo sé; pero al menos incluso sufriendo, has amado y eso es irrepetible. Lo único que no me cuadra en tu historia de amor es ¿por qué terminó?
-Pues, supongo que...bueno es qué tampoco veía mucho interés por su parte.
-¿Estás segura de eso? ¿Quién lo dejó?
-¿Qué me estas diciendo? ¿Qué debería darle otra oportunidad?
-No, la oportunidad deberías dártela a ti misma. 
-Si me pinchas no sangro, abu. Jamás pensé que tu consejo sería ese.
-¡Ay, hija! Cada día me digo a mí misma que la vida es demasiado breve, así que por qué no vas a luchar por ti

Teresa sonrio.

En ese momento suena su móvil. Sorprendida por la hora qué es, busca en su bolso, abre la tapa y mira el nombre que aparece en la pantalla. ¡No se lo podía creer!

-Abuela, ¡es Sergio!

-¡Cógelo, rápido!.

Apretó la tecla verde del móvil.



No hay comentarios:

Publicar un comentario