23 may. 2014

Capítulo 23


-¿Porqué lloras mamá? Todo saldrá bien, ya verás-asintió 
-No es eso hija; tengo un nudo en la garganta que no se me quita aunque llore constantemente no sé que es. 
-No puedes controlarlo todo mamá, ten fe. Yo la tengo. 

Se miraron largamente. Sin pausa

Teresa no estaba preparada para mostrarse así, enamorada, ante su familia y sobre todo ante su madre. Ellas siempre en continua competición guardaban sus debilidades con celo aunque no había mejor momento para que Sergio fuera a su casa. 
Teresa decidida, con el tiempo supo que fue lo mejor que pudo hacer, sin ninguna duda; la sonrisa dulce, suave, pacífica que ofreció su madre a Sergio aquel mediodía, quedó imborrable en la memoria de Teresa. 
Fue su consuelo. 
No hubo más.

El almuerzo no fue muy elaborado pero fue suficiente. 
Sus hijos sólo miraban su cara, no se decían nada mientras cerca a Claudia, todos en aquella mesa hablaban sin parar.
Teresa y Simón, traspasaban a su madre con la mirada, y ella con la intuición a flor de piel, les lanzaba besos amorosos cual actriz Hollywoodense 

-Cuando le da por ser melodramática es única- dijo Simón
-Cállate tonto. No sé...hay algo en todo esto que me eriza la piel-afirmó Teresa.
-Sois igual de comediantas. ¿Qué va pasar? Sí, reconozco que es todo muy arriesgado. Pero es mejor que se opere. Y va papá y Adolfo. ¿Qué puede salir mal?

Los hermanos se miraron con lágrimas en los ojos. Tenían miedo. Sobre todo por que ella era la que siempre estaba ahí aunque fuera para regañarles, para casi nunca darles la razón, había sido una madre tierna y capaz. 

Ahora lo recordaban todo.

La cabeza inclinada de Simón, absorto en sus pensamientos-seguro que recordaba una vez más el sentimiento de ausencia, de soledad-, inspiraba a Teresa pánico y recelo. Cómo si ese malestar fuera premonitorio.

Aún años después de esa tarde. Cada vez que su hermano, su pilar más firme, se encoge, a Teresa le entra ansiedad, pura y dura. 
Destino insospechado

Eran las cuatro de la tarde. La sobremesa había transcurrido entre idas y venidas de Clara y Juan preparando el equipaje. Simón había ido a revisar varias cosas del coche, Teresa apoyada en Sergio, entrelazaba las manos con las de su madre. 

-Todo va a salir bien, Tere y cuando regrese Sergio tienes que venir a comer mi famosa paella, y mi arroz con leche. Esta mal que sea yo quien lo diga pero, te chuparas los dedos.
- Para mi será un placer venir cuantas veces sea. El postre lo traigo yo.
- Es que no te dije que era pastelero,mamá.
-Hija, no me has dicho muchas cosas. Pero con mirarte me basta.
-Cuídala Sergio, aunque no se deje.
-Se nota que la conoce bien. Yo lo intentaré.
-Y yo me dejaré mamá.

El móvil de Juan sonó, nuevamente. Era un mensaje de Adolfo, ya salía.
Juan y Claudia, montaron en el coche. 
En la puerta todos los que se quedaban les veían irse.
Todos los que se quedaban, evitaban llorar.
Ellos evitaron una despedida efusiva.

Las lágrimas llegarían dos horas más tarde.



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