25 abr. 2018

Capítulo treinta y tres

Sergio experimentó un escalofrío por todo el cuerpo mientras abrazaba a la abuela. Como si viajara, como si volara a la velocidad de la luz. Veía colores, que se asemejaban a un paisaje pero no distinguía nada. Le parecía que se caía por un precipicio pero por otro lado, se sentía sobrevolar acantilados con el mar azul debajo, nunca había vivido algo así...Hasta que se paró todo. Sabía que tenía los ojos cerrados y que continuaba abrazado a Clara, pero no estaba allí, no en el depósito, no sabía donde había llegado porque en realidad no se había movido, continuaba cobijado bajo los brazos de la abuela...

-Sé que te dijo que no los abrieras pero aquí puedes por que estás conmigo y nada te pasará. 
-¿Qué broma macabra es esta? Sé que eres tu, es tu voz, pero estás muerta...Teresa ¿qué me está pasando?
-Mírame. No te pasará nada. Sólo quiero despedirme. Y decirte muchas cosas. A veces te dan otra oportunidad y yo la quiero aprovechar aunque te asuste. Mírame-volvió a repetir.
 
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Apartó el miedo, su incredulidad, sus prejuicios y la miró.
Ahí estaba, sonriendo, en frente de él, con los ojos más bonitos y llenos de amor, si cabía...no estaba soñando era Teresa.

-Sé cuánto me quieres decir pero debo ser yo quien te hable, a ti ahora no te está permitido, así que sé bueno y sólo escucha.
Cuando te conocí sentí que ese día nacía a la vida, al amor, no dudé ni un minuto que tu sentiste lo mismo pues tu alma se reflejaba en tus pupilas y me la enseñaste, ese es posiblemente mi mayor error: conocer tu alma, la que pocas personas entienden, la que no enseñas a la primera de cambio, la que escondes, supongo que es eso lo que más me enamoró de ti sin ningún sentido de la responsabilidad, admirando cada movimiento que hacías contra mi, y cómo eras capaz de tenerme enganchada cuanto tu más esquivo te volvías. Prefiero mil veces mis demonios a tu lado que miles de ángeles falsos que me tropecé hasta conocerte, por eso sigo amándote y te amaré por la inmensidad de la eternidad pero no sería justo que tú te mueras conmigo, vive de mi no por mi, ahora no tendría sentido.

Sergio quería hablar pero ahora ya no podía, algo le impedía mover los labios y expresarse, solo sus ojos que lloraban como cuando era un niño le devolvían a Teresa todo ese amor que ella le estaba enviando. Todo se lo decía con dulzura, con una gran sonrisa que le aliviaba aunque era incapaz de dejar de llorar...

-Recuerdo lo malo pero me quedo con lo bueno, sin dudar, con tus caricias con tus abrazos, con nuestras charlas arreglando el mundo con aquella esperanza que me dabas y también me quitabas, mis ñoñerías, mis reclamos porque siempre quería más, eso no es malo...te amaba con amor infantil de ese que quiere lo que da, pero a veces se convertía en ese tan tierno y maduro que te necesité, porque te ame igual que decía Erich Fromm...sí también anda por aquí -ahora sí que se rió a carcajadas, Teresa. Solo quiero que ahora no estés triste, mas que una pequeña porción de tiempo nada más. Si estás más tiempo del necesario harás que todo esto nuestra historia, nuestra vida, mi muerte no sea nada, mas que algo oscuro y penoso que no merece ser recordado. Recuérdame pero camina. Te quiero, mi amor y siempre te querré.

Ella se fue alejando, haciéndose cada vez más pequeñita. El intentaba moverse tocarla besarla, sintió que el corazón le estallaba de puro amor y de puro pesar, Ver cómo se iba era una tortura doble, pero Teresa...frenó y se dio la vuelta y le dijo:
         "¿Conoces ese lugar entre el sueño y el despertar el lugar donde todavía puedes recordar los sueños? Ahí es donde siempre te amaré, donde te estaré esperando" Y le besó. Sergio se quedó solo pero con el mejor amor del mundo en su alma, el de Teresa.


                                            FIN


By Mónica Solís



* Referencias: James Matthew Barrie creador de "Peter Pan"
                      Erich Seligmann Fromm, filósofo humanista, psicólogo social y psicoanálisis.
                    

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