17 jul. 2018

Contando margaritas 2



"Otra vez vi esos ojos que me hacían tanto daño. Pensé que jamás volvería a experimentar ese miedo al mirarlos, ese arrepentimiento por haber tenido que encontrarme frente a ellos, ese infinito placer que nunca he querido reconocer.
Merced a sus deseos me dirigí hacia ellos; a cada paso que daba más gozo inundaba mi ser, mejor me sentía...
Ni siquiera me importaban los demás me refiero a los que me aconsejaban que no le amase...
Siempre sospeché que no ibas a ser bien querido entre mis amigas pero la verdad, me daba igual.
Creo que este amor sea sólo un capricho, nada me cuesta pensar que su vida no se cruzará ante la mía. 
Lo volverá a ver cuando el destino quiera juntarnos en el camino o cuando yo al final me decida...
Quizás nunca llegue a nada pero, sé que estará orgullosa de haber sentido algo hacia ti, aunque me rebaje a tanto que en mi no quede un gramo de amor propio...
Supongo que terminarás riéndote de mi, pero habré aprendido a se más...iba a decir mala, pero sería imposible que en el amor, sentimiento tan puro, yo pudieses ser así...
Algún día tendré mi recompensa...
Voy a renunciar a algo que fue muy bello; creo que los humanos somos tan ignorantes y a veces ingenuos que hasta que no perdemos algo que necesitamos y de veras amamos, no sabíamos lo que valía.
Soy demasiado despreocupada, no quiero atarme a una idea ni a nadie que merece, quizás, algo mejor...
No puedo engañar a mi corazón...
Tengo la culpa 
Por eso debo terminar...




-Galilea1989-
(Mónica Solís)

16 jul. 2018

Contando Margaritas 1




"Ahora espera, sólo te queda esa esperanza cautivada por su vida sólo viste y descubriste su farsa ...
Pero estás harta, lloras y te das asco de ti misma pero sólo te enfrentarías con él sí supieses que no te quiere, que no tiembla cada vez que te ve...
Y sufres sí, pero, ¡Te aguantas!.

Intentas olvidar el calor que sentías cuando te besaba, pero, ¡Te aguantas!.

Ordenas el presente y sólo encuentras desorden y penas, ¡Te aguantas!

Dices que ya pasó pero, ¡Te mientes! ¡Te mientes! y ¡Te mientes!

Descubres poco a poco que te está doliendo en toda tu alma, no lo ves, te ciegas y, ¡Te aguantas!.

Pero tranquila, amiga.
El que lo hace termina pagando, va sufrir, quizás no por ti pero lo hará y quizás entonces podrá comprender que hizo mal a lo único sincero que había encontrado y lo perdió...
Intentará recapacitar y querrá volver y entonces será el momento en que, ¡Dejes de aguantar!
Y explotes en mil pedazos sin ver sí le dañas, pecarás...

Y yo estaré contigo, no te dejaré, te hartarás de mi presencia y nuestra amistad será tan fuerte que helará todas las miradas que intenten penetrar en nuestra mente él incluido...
Nos sobramos para salir adelante
Nunca te dejes manipular por nadie y lucha por sobrevivir en un mundo ahogado por los hombres."



Imágen: Cherylholt-pixabay




-Galilea1987-
(Mónica Solís)


17 jun. 2018

¡Despídeme de ti!






Me gustaba observarla en silencio atravesar con la mirada su propia alma.

Hoy reflejaba felicidad, apenas llevaba nada encima y su figura se podía admirar dentro de aquel escuálido camisón rosa. Leía un libro de un autor de esos escépticos que son incapaces de comprender la existencia de  seres como yo que necesitamos  palabras fáciles, para sentirnos humanos. ¡A qué tanta complicación!
Continuaba absorta en la lectura, ni siquiera me había oído. A veces levantaba la vista hacia la ventana y veneraba la naturaleza, -seguramente es mejor aliada- las acacias sobresalían por encima de los pequeños bancos de piedra volviéndolos aún más diminutos, los gorriones revoloteaban desesperados de  una rama a otra buscando  paz, el cielo -Gracias a Dios- avecina un hermoso día.
¡Sabía que le vendría bien este cambio!
Aún la miraba. No pedía más instante de felicidad, era mi gran placer, recrearme en ella mirarla...
De vez en cuando ella se soplaba entre el escote, hacía calor, y coqueta se exploraba  las heridas de los años, había engordado más de lo que tenía calculado, pero seguía despertando admiración entre ellos y respeto entre ellas; por supuesto  yo, seguía deseándola más que antes y que ayer y que hace un segundo...
Por un momento me estaba sintiendo mal, aquel libro llenaba toda su atención era la única visión existente en aquel cuarto, aunque vigilaba todos sus movimientos, mi presencia no había hecho que se movieran  ni un ápice sus grandes ojos verdes.
¡Otra vez lo estaba haciendo! Soy incapaz de respetar su intimidad, ella era feliz y estaba intentando destruirlo para aplacar mis ansias, deseaba gobernar su libertad, me merecía ser correspondido, nunca escuchaba mi opinión, no importaba, sólo era ella y sus deseos. ¡Algo!; tenía que emplear la palabra adecuada, para no sentirse espiada, un ruido, un gesto, algo, pero ya...Como siempre todas mis cavilaciones habían sido inútiles ella me había visto.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Por qué no me has dicho nada, cariño?
Su voz dulce, su generosidad y mi gran intolerancia, hacían que mi garganta inhalase demasiado aire, aquella rabia afectaba tanto a mi estómago que me daban ascos.
- No llevo mucho aquí ¿qué lees?
- Algo que no te gustaría, excesivo,raro para ti, ¿has traído las lenguas de gato que te pedí?
Ella se levantó y vino hacia mí, en aquel momento se me cayeron al suelo las bolsas de la tienda ¡estaba más hermosa que nunca!, me sonrió y la besé intenso.
- ¡Aún no me has contestado!- con su voz melosa acostumbrada a invitarme a sus deseos -.
No podía contestar. Sentía irremediables deseos de amarla en ese instante, de fundirme en su cuerpo ofrecerle mi vida por sus caricias. Siempre me dominaba, hacía de mí una marioneta desenfrenada que con violentos gestos pedía socorro en silencio. Me seguía apretando algo en la garganta, iba a terminar vomitando.
Dormía y una luz tenue entraba a través de la persiana, en la calle unos jóvenes alborotaban y gritaban como si fuesen sus últimos soplos de vida, el ruido hizo que Linda se revolviese en la cama y se alejara de mí. Otra vez solo sin ella y otra vez ese miedo loco; procuraba arrimarme sin que ella se despertase, lento, su piel limpia y suave, su olor inolvidable que me hacía recordarla aún estando a pocos centímetros de mí, así me sentía tan suyo, ella me permitía sentir esa seguridad tan efímera que se palpa al amar.
¡Mi propia pasión me ciega, no tengo voluntad vivo desolado y duele esta gélida sensación que circula por mi pecho!                                                                                                                                
¿Quién se atreve a decir que el enamorado es feliz sin saber más allá de su propia posesión? ¿Quién es el atrevido que se engancha a él como si supiese que le va a convenir?
Amar no es un negocio pero te permite cierta seguridad repugnante, que avala poder continuar creyendo, existir a su lado como un fiel soldado de una cruzada, que busca el santo poder de la felicidad. Es una prisión para el poseído y una tumba para el humillado, irrelevante es todo lo demás, tus angustias, tus necesidades, todo se oculta tras una pasión irrefrenable que agota tus sentidos que convierte tus facciones en muecas abominables con gestos sinceros y olvidados para los demás...
Estaba amaneciendo, el sol apuntaba como un verdugo a sus ojos, ella no debía despertar ¡Aún no!, si existe un Dios debería permitirme contemplarla toda la eternidad, esa sería lo única oportunidad para sentirla mía.
Linda tenía planes para hoy y yo sólo deseaba estar con ella en aquel pequeño cuarto, en aquel servicial "nido de amor" que celosamente guardaría nuestras decisiones, Linda y yo teníamos mucho que hablar, esa era la causa de estar en Rolle, a la orilla del lago Gerniersse en una villa de Suiza pasando un largo fin de semana. Hablar, ese era el motivo de nuestro viaje, sentarnos como personas sociables a conversar, y yo me preguntaba cómo dos amantes pueden ser civilizados,  para qué, se supone que es lo último que deben ser  la realidad no debe alojarse en sus vidas  la mezquina existencia o rutina no debe atormentar el caudal de una irrealidad subyugante de una sólida alianza, ser ante el mundo dos polígonos sin temor al riesgo. Pero ella quería sentarse frente a frente, hacer ruegos suplicar cambios, que fuese el de antes, que volviese a ser el mismo.
No podía seguir huyendo, no debía asustarme; lo que ella me diría sería pura lógica, sus propuestas estarían dentro de  la más absoluta cordura ¡como siempre!
Pero, ¿quién no temería a todo aquello que se me venía encima?
Yo me estaba desvaneciendo por dentro, quiero, necesito gritar, ¿cómo voy a convertirme en un oyente pasivo, si enfrente tengo a la dueña de mi propia consecuencia, de mi voluntad y de mi dominio?
No me conozco, apenas sé como soy, lo único tangible es que le pertenezco por completo y que no me entiendo si no estoy a su cobijo, ¿cómo enfrentarme entonces, cómo desafiar el destino; debo iniciar yo la charla? ¡No!
Seguro que no hace falta, ella vino con el propósito y es tan terca que no regresaremos a casa sin hablar; pero confieso que tengo miedo, hay algo dentro de mí que se siente muy solo y triste.
Se despertó y volví a habitar en la tierra, dejando mi silencio descansar...

Quería ser un verdadero turista, sacar fotos a los monumentos, ir a visitar los museos o simplemente pasear con Linda; había sido una mañana agotadora, desayunamos en el hotel, con demasiada gente, casi era imposible entenderse por el ruido estridente así que decidimos irnos.
Entramos en una vieja librería llamada “Estilo y compramos una guía turística. Empezamos a andar y lo recorrimos todo como verdaderos fanáticos sin dejar títere con cabeza. Linda se emocionó al  ver la pequeña ermita que reinaba poderosa desde un alto todo el sumiso y pacífico pueblo; no dudamos en entrar aunque la portezuela estaba cerrada casi herméticamente. La ermita era muy limitada y se notaba la mano de una mujer, quizás alguna viuda adinerada que pasaba sus ratos de ocio irremediables en compañía de los santos y la bayeta; respirabas ese noble sosiego, esa calma que sólo experimentas en ese tipo de edificios creyente o no, allí no existe ningún humano capaz de no sentir algo aunque sea inaceptable para algunas mentes. Linda se arrodilló frente a un icono de una hermosa virgen, parecía antiquísimo, y juraría que debía dar nombre a aquel lugar... Inclinó su cara sobre las palmas de sus manos y si no fuera por mi hubiera llorado.                                                                                      
De repente Linda se había convertido al cristianismo o, como siempre lo estaba confundiendo todo ¿Tan sólo se trataba de un desahogo?
Lo cierto es que sin decir nada me fui y la esperé contemplado y exhalando la misma paz que dentro, aquel lugar era magia pura... yo no tardé en oír el portazo, ella caminó hacia mi.

-¿Por qué te fuiste, ni siquiera esto quieres compartir?
 No daba crédito a lo que estaba escuchando.
-Quería dejarte sola con tu intimidad y sabes que mi mayor deseo es entregarme hasta la mismísima muerte.
-Yo no te pido tanto, morir a la vez es soñar demasiado.
Sería bastante irreal para que fuera cierto. Dejé el enredijo no era el momento...

Ella caminaba ligera más que yo deseaba alejarse,  le estorbaba; de todas formas irradiaba tanta felicidad que incluso era consciente del daño que eso me hacía; saltaba, cantaba y yo detrás como un imbécil, sin más cordura que el reflejo de su alma en la infinidad de sus lágrimas.
¡Sí! lloraba, lloraba desconsolada y sin la amistad de mi propio organismo que se negaba a facilitar las lágrimas del perdón.
Hacía  años que no  exteriorizaba mi llanto, cada vez que mi alma se rasgaba me lo tragaba.
Ya de vuelta en el hotel nos duchamos y pedimos al servicio de habitaciones, -más que servicio era una amabilidad de la dueña para con nosotros, le caímos bien-, algo de comer, todo frío ya que el bochorno era demasiado fuerte como para hincharte a manjares; nos pusimos cómodos y mientras picábamos ella me observaba, el movimiento de su boca, su forma de masticar me ponía enfermo. Yo ni siquiera levantaba la vista, ¡Qué frágil me sentía!
La temo, sí, como si me fuera a castigar por no haber sido bueno.
¡Hasta cuando seguiremos así! -pensaba-.
No tardó en darse cuenta de mi cobardía, de mi lentitud, de mi angustia y atacó.

-¡Necesitábamos estar solos, eh!, ya te lo decía yo, mejor es afrontar los problemas que dejarlos estar, en casa, tú con el trabajo y yo con el mío, sólo servía para distanciarnos más, para ser capaces de huir...
-¿Qué problemas, acaso no tienes cuanto deseas, acaso no te ofrezco todo lo que tengo lo que soy?, ¿qué quieres de mí? Linda yo te amo y no sé lo que te sucede...
-¿Lo ves?, déjame terminar...- miró con insistencia- sabes bien lo que te ocurre; siempre criticaste a los hombres que sospechaban de su mujer, decías que demasiado ardor podía conllevar a una devoción tan real que sólo un egoísmo una inseguridad, una inmadurez, acababa...-la interrumpí, me estaba agrietando por dentro-
-¿Qué intentas decirme? que ahora soy así, que te espío, que te atosigo, ¡es mentira y tú lo sabes!; supongo que mi cambio se debe al estrés...  el viaje nos vendrá bien, ya verás, dejarás de ver cosas donde no las hay.
Me levanté y cogí el teléfono.
Sus ojos llenos de incredulidad e ira, me exploraban absortos sin saber expresar todo lo inexplicable de mi actitud...
-Yo no veo las cosas así, Ricardo, por extraño que te parezca las siento...Temblé

Linda se encerró en el baño y yo me acurruqué en la cama esperando que una mano piadosa -incluso como la de una madre- me acariciase y dijese que todo iría bien que mi ineptitud, se debía sólo a la rutina al agobio tan grande que sentía, que todo pararía, que nos iría bien...
Pero aquella mano no llegó, ni la calma, al contrario la marejada acababa de empezar.
Salió del baño dando un portazo y pululó por la habitación, para mí todo se ensombrecía,  todo ¡No me lo merecía! Su cuerpo irradiaba tanta hostilidad, tanto desequilibrio que me daba pena pero yo no podía volver a sacar el tema, evidentemente huía como un maldito cobarde. Debía ser cauteloso, en esos instantes cualquier punto de vista sería un intento fallido de felicidad, no era lícito revolver más mi basura.
Se metió en la cama enfadada con tal agresividad que sería un insulto intentar amarla, por un momento creí ser aquella almohada que azotaba a puñetazos con el fin de colocarla a su medida, se estaba confesando entre golpe y golpe. ¿Me odiaba?
La sentí sollozar, minutos después de apagar la luz... puse mi mano temblorosa en su hombro, la aceptó, se volvió y cedió su fuerza ante mí...deseaba que la amase y yo deseaba amarla...
¡Aquella noche comprendí que era un maldito egoísta, un ser ruin, que mi único error era quererla insistentemente, desesperado como me amaba a mí mismo con miedo y resignación sin tener el poder para volver a nacer y  hacerme diferente!
Nada dentro de mí encontraba solución, me hundía más y más pensando cuan lejos estaba de aquel amante bondadoso y delicado que era al principio, aquel que cuidaba sus más aferrados movimientos en el estudio de hacer más placentera la vida de su amante. ¡Oh, Dios si de veras existes, ayúdame!, porque siento que la estoy perdiendo, que no sé quién soy, que cada vez soy incapaz de escucharla, que no quiero escuchar una y  otra vez como repite mis faltas ¡Ayúdame, señor, por qué la pierdo! me repetía mientras acariciaba su cuerpo aún dormido, con ese nudo en la garganta que te impide respirar pero te hace comprender que eres un orgulloso, un inútil hasta para llorar.
Nos quedaba tan sólo día y medio para disfrutar del ambiente soñador e insólito, que aquel lugar nos ofrecía, así que la decisión era clara: salir urgentemente de compras y después sentarme a entender sus ansias y anhelos, en el fondo quería saber el porqué de su desdicha.
Los sábados había un pequeño mercadillo donde por poco dinero podrías adquirir verdaderas joyas, cuadros, tapetes, jarrones, así nos lo contó la entendida propietaria del hotel.
Eso a Linda le encantó, ella estaba llena de emoción le chiflaba la aventura lo desconocido, a mí todo lo contrario. Una vez en el mercado me preguntaba para qué todo lo que se estaba comprando, bastaba que yo le dijese algo para que ella llenase la bolsa de artículos innecesarios, era muy tozuda. Lo único que verdaderamente me gustó fue una pequeña reproducción de la ermita tal y como debió ser en realidad que me inspiraba la misma sensación, la añoranza de un tiempo feliz, aunque lo mejor aún estaba por llegar- esas, creo, fueron las palabras que Linda me espetó al observar la expresión de mi cara ¡Realmente ella tenía tanta ilusión porque todo fuera como antes!...
¡Cómo la vida torció nuestro futuro! No lo sé.
Después de casi tres horas en aquel preciado lugar para mi nostalgia, sé que regresamos al hotel, y nos esperaba un fantástico almuerzo preparado por Madame Sophie, como ella dijo: " Ya que es su último día en el hotel". Nos íbamos el domingo, al menos esos eran nuestros planes; gustosamente invitamos a Sophie a sentarse para que a la vez que saboreábamos tan exquisito manjar nos explicase cada plato; de primero nos preparó un caldo que no recuerdo los ingredientes pero sí el sabor, más bien salado, bonito en rollo, con una salsa marinera harta de especies cosa que nos sorprendió ya que en esa época del año era muy difícil conseguirlo en esa región, y por último un postre que se llamaba "Alcremy" a base de miel, almendras y crema pastelera. ¡Todo excelente! 

¡Qué irónico!

Ya en los cafés comprendí lo difícil que se ve pasar la vida a través de unos ojos cansados, la soledad en la  vejez es lo peor que existe para el ser humano, dejar de sentirse necesitado, la falta de cariño, mantener todavía alto el listón del genio para que el mundo no abuse, seguir adelante cuando en realidad lo único apetecible sería sentarse a descansar y dejar que el tiempo pase, de vez en cuando rozaba su mano con amabilidad algún cliente, esa era quizás su mayor recompensa.


¡Llegar a viejo es morir poco a poco!
Acompañar a Sophie esa horas hizo muy feliz a Linda, hablaron de sus cosas y entre toda la conversación me quedo con un consejo, recomendó a mi mujer tener pronto un hijo que no debía dejar pasar la oportunidad que luego sería injusto aspirar a lo que otros tienen o sienten por ser un poco egoístas. Linda le respondió que no era el mejor momento, Sophie le advirtió que ningún momento era el adecuado para tener un hijo que ante la viveza del amor sólo tenía la ventaja de ser joven.
Subimos al cuarto, estaba ansioso tenía un regalo, le había comprado en el mercado mientras ella se distrajo una caja de música en madera de roble de aspecto rústico y con un pequeño hilo de oro alrededor de una inscripción en negro que decía algo así como: "Siempre tuyo".
Ya en la habitación mientras ella se ponía cómoda intenté, haciendo un amago de manitas, envolver mi regalo lo mejor posible, al salir del aseo me apoderaba una inquietud, ¿Le gustaría?, ¿Probaría esto mi intento de reparar el daño que le estaba haciendo?...

-¿Qué haces ahí sentado?
-Toma es para ti. Yo -titubeando-  bueno ábrelo.
-¡Pero, cuándo, qué preciosidad! -me miró, su rostro reflejaba tanto amor-¿Qué música suena?
-Es el Adagio de Albinoni, seguro que lo has oído en alguna película, ¿no te gusta la inscripción?
-Si, sé que siempre serás mío que nadie podrá llenar tú alma como yo, si algo puedo hacer dímelo, somos una persona y tus miedos son los míos. Ricardo quiero ayudarte, no estás solo dime qué tienes, por qué has cambiado así, yo...
¡Grité como si se me fuese la vida en él! ¿Qué me estaba diciendo?, ¿a qué este acoso? Le dije que me dejase en paz, que cuando llegásemos a casa iría derechita a un psicólogo, que la problemática era ella. Yo era perfecto. Linda no cesaba de llorar, suspiraba y me miraba horrorizada, por el contrario yo hacía tales aspavientos que parecía un personaje grotesco, me contemplé en el espejo y un silencio delirante pobló todo el cuarto…
 ¡Qué me pasa!, ¡Qué estoy  haciendo!-pensé-. Me arrodillé a sus pies:
-¡Ayúdame, por lo que más quieras, ayúdame!
Apreté mi cuerpo contra ella y como un niño desamparado me acuné
-Todo se arreglará, no te asustes- repetía Linda sin cansarse-. ¡Estoy aquí!

Ella seguía llorando a la vez que acariciaba mi pelo. Me metió en la cama, me contempló durante un largo rato, sin decir nada sólo nos mirábamos luego me dormí.
Al despertar noté la falta, salté de la cama y miré alrededor, allí estaba se había quedado dormida en el pequeño diván, seguramente tras no poder controlar más su llanto.
¡Qué vulnerable soy sin ella! Debía tener frío pero no quería despertarla así que sólo me acerqué y la observé una y otra vez, me quedaba tanto para aprenderla de memoria que no me cansaba de adorarla...Se merecía toda mi cautela,  mi atención ¡Era tan bella!, ¡Cómo podría estar haciéndole tanto daño!.

¡Confusión!

Cuando eres joven y vas comprendiendo las telarañas que te ofrece la vida, te advierten de los peligros posibles, dejas el llanto en el vientre de tu madre, y sigues; pero en el amor nunca aciertas, pides más de lo que te dan por que estas acostumbrado a ser egoísta, pides entendimiento y ni siquiera comprendes que la vida se complica por tu culpa, pero en el amor se llora, se sufre, se es protector, egoísta, desalmado,  interesado, exigente , espantoso, considerado,  generoso, derrochador, cómodo, y en el fondo existe algo que acalla o niega todos los sentimientos más eternos que pueda imaginar, la maldita cobardía.
¿Cuántas veces se omiten verdades para no hacernos daño?, ¿cuántas veces en nombre de tu amor juras en vano?, ¿cuántos veces en nombre del amor desafías el destino ajeno?, ¿cuántas veces en nombre de ti mismo te dices que todo va bien? Engañarse es muy fácil, compadecerse es aún más condenable...
Estuve un instante mirándola con mi alma, acariciando su piel, cada rincón era un tesoro preciado de mi posesión, no tiene miedo, el límite estaba en nosotros mismos, pero eso no servía no bastaba no sopesaba lo demás. La vida se equivocó con nosotros, nos cedía tan sólo la cara más agria del amor aquel cuento se parecía ya al de Pandora, por ahora mejor era mantener la tapa cerrada.
Nos vestimos de noche, nos fuimos y dejamos en el olvido las horas amargas, hacía calor pero se soportaba, la brisa te ofrecía la posibilidad de creer en los dioses, aquella luna, que jamás olvidaré, lucía en el cielo dominando todo, como Linda, era la estrella principal de aquella película y yo era tan sólo el apuntador que espera ante la mirada de la artista una debilidad, una necesidad,  para amarla. ¡Me conocía tanto!
Es terrible averiguar que todo a tu lado sigue un proceso, y tú te empotras en tu mundo como un observador mudo y sordo que no entiende de señas. Ella me lo decía con los ojos con sus manos, con su cuerpo expresaba y pedía un auxilio ¿Porqué fui tan necio?
La velada estaba siendo fantástica, bailamos un par de piezas muy lentas como si en cada movimiento acariciásemos una ilusión, la posibilidad de seguir eternamente juntos, mimando cada misiva que telegrafiaban nuestros latidos, un instante para no olvidar...volvimos y entrelacé mis dedos a los suyos, respiramos y juntamos nuestros cuerpos en la suavidad de las sábanas, suspiramos y apagamos la luz...casi era de día pero nosotros todavía sosteníamos el faldón a la luna...

Llegó ese día, daría lo que fuera por alejar ese recuerdo del baúl de mi memoria, me hace heredero de mi propio infierno, me atormenta vivir. Linda se levantó bruscamente y hurgó en su bolso, sacó un cigarrillo y lo encendió; yo la miraba con recelo, ¿qué iba hacer?...de sobra sabía lo que se me venía encima así que no salí de la cama.

-Déjame hablar y por Dios no me  interrumpas.-suplicó
Se sentó en la mecedora que estaba junto a la ventana y el humo del cigarro volaba libre por ella, eso quería hacer yo...
-Linda tenemos que prepararlo todo hay mucho que empaquetar, si quieres...
-No, maldita sea, no lo hagas, necesito hablarte, que me escuches y me respondas, que no te quedes inmóvil ante mis acusaciones, que te defiendas pero que en definitiva me digas algo. No lo arregles con un beso.  Necesito más, lo entiendes, de esta habitación tiene que salir arreglado tu problema, no me iré contigo a casa...

Sé que tenía que ofrecerle esa paz que me exigía, escucharía su queja ya que sólo pensar que me podría dejar me daba ganas de vomitar...

¡Miedo!

-Ricardo-dijo-estoy harta de ti, no soporto verte huir cada momento, has cambiado, te siento extraño, te has vuelto un desconocido, en tus brazos siento un engaño tras otro, estoy defraudada y eso está haciendo que me hunda, me miras y reflejas falsedad... te llevas vendiendo desde hace meses, me dices que la extraña soy yo...No dudo de tu amor, dudo de ti, que es aún peor, te has convertido en lo que jamás pensé, un celoso cobarde y desequilibrado...te estás llevando mi juventud, y mis días, pero lo peor de esto es que no lo reconoces y eso...eso me asusta Ricardo...

Yo giré la cabeza en busca de su rostro, estaba desencajada, le estaba costando decirme todo eso, lo sé, quería explicarme y la voz no salía de mis entrañas...-...te has vuelto un dictador y desestimas mi voluntad. ¿Crees que no me doy cuenta? La ley de los varones es así, cuando os sentís envejecer acotáis el terreno como si de ovejas se tratara. ¡No es así, maldito seas contesta!...
-Yo...es que...pero- no me salían las palabras, necesitaba escuchar tanto de mí, y no era capaz de emitir tres sonidos coherentes.
-¡Quiero saber por qué te enfadaste con Andrés! ¡Sólo fue un ramo de flores! Un compañero de tu trabajo, con el que te vas de copas desde hace casi seis años, se limita por cortesía a obsequiar  a la mujer del que considera amigo, y encima admira como hombre, a enviarle un insignificante ramo para agradecerle un favor que le hice... Pues eres tan extravagante en tus ideas que te imaginaste una aventura, casi consigues que Andrés terminara con su compañera y has roto una amistad sincera... pero no, tú sigues diciendo que no te ocurre nada, te inventaste un cuento tenebroso y me costó hacerte entender que no era cierto...

Se puso a llorar como una niña desvalida...

-Ricardo, necesitas ayuda, yo...ya no  puedo creerte más...
-Oye, Linda, yo te quiero, te lo doy todo o no te he dado este viaje...
-Lo del viaje era una escapada para ti, esta conversación estaba pendiente desde mucho antes. No seas testarudo...Quiero ayudarte.
Se hizo el silencio, se sentó de nuevo en la silla y lloró.
-Linda,  no llores por favor sabes que no lo soporto.
-Y que quieres que haga si es lo que me pide el alma, llorar y llorar, sólo piensas en el daño que te causan a ti mis lágrimas, detestas escuchar lo que no es en tu propio beneficio, hay momentos en los que me siento tan desdichada, que me culpo de tu agresividad...pero tú eres dueño de tu propia voluntad ya ha pasado aquella fase en que tú eras yo y yo era tú; lo único que tengo claro es que estas destrozando nuestro matrimonio y  que no será porque yo no intente remediarlo, aunque también tengo claro que no me hundirás contigo !estoy harta!.

La dejé llorando y fui  hacia el  baño ella vino detrás de mí, yo en actitud agresiva me volví y le dije que si lo que quería era el divorcio que sólo dependía de ella, "ves Ricardo como no entiendes nada"-me dijo- Eché el brazo hacia atrás en un amago de que me dejase a la vez que le di la espalda y entré…

Así lo recuerdo, así lo tengo grabado en mí tortuosa memoria que cada día se siente más indefensa esperando una maldita respuesta.

-Don Ricardo, ¿está usted seguro, no la agredió, no la empujó intente recordar?- Dijo el detective Rollan, que curiosamente era el sobrino nieto de Madame Sophie.
-Se lo juro- y continué.

Me miré al espejo del baño y me lavé las manos ya que me sudaban y entonces comencé a explicarle lo que me sucedía:
"Linda sé que he cambiado, ya no soy el mismo, todo se arreglará cuando visite a ese amigo tuyo psicólogo y me explique de dónde viene estos miedos, voy a poner todo de mi parte, te  lo prometo, pero no me dejes te lo suplico... te necesito... ya sé que siempre me dices que el amor no es necesidad, que es demostrar día a día que intuyes el alma del otro, pero tengo horror a enfrentarme solo a esto lo entiendes verdad"
                                                                                                                          
-Y qué más ocurrió, venga dígame- dijo el detective.
-Le pregunté si me escuchaba, y al no contestarme salí y la vi tendida en el suelo:
¡Dios mío Linda! ¿Qué te pasa? ¡Contesta Linda! La apreté contra mí y le repetía una y otra vez, que no me dejara.
-Y entonces es cuando yo entré y vi a la señora tendida en el suelo y al señor abrazándola...me di cuenta al acercarme que estaba muerta... yo no creo que el señor, bueno que él haya sido quien... ellos eran felices aunque tenían problemas, la señora Linda me dijo que eran pequeñeces, ella lo amaba profundamente y él...
-Bueno tía, lo que tú creas no es admisible, la escena de este aparente accidente y lo que realmente ocurrió sólo lo sabe, por el momento el señor.
-Le juro, yo no sé cómo  fue... sólo sé que pretendía que se calmase y por eso fui al aseo, y al salir estaba...
-Sí, si ya me lo ha contado, pero debo esclarecerlo todo, están haciendo la toma de huellas los del laboratorio me enviaran cuanto antes el informe, y por supuesto como  siempre en estos casos la autopsia será el dato más favorable para saber la verdad, ¡Don Ricardo debe colaborar!...
-No sé en qué, pero estoy aquí ya no tengo dónde ir...

El informe forense no se hizo esperar.
Le hicieron la autopsia y descubrieron que Linda había  tropezado contra la cama por una pequeña  herida en la nuca hecha al caer, tras sufrir un desmayo probablemente tras la discusión. La causa de la muerte fue que al caer se desnucó...Lo más triste es que Linda estaba embarazada...
-Creo que está todo claro, aunque personalmente seguiré investigando, puede marcharse, y hacerse cargo del cadáver, si no es hoy puede venir mañana... De momento no se ausente.
-Sí, así esta noche descansará -dijo Sophie- llevamos demasiadas horas en la comisaría, debe intentar dormir.
-Puedo ocupar la misma habitación- rogué al comisario-
-No veo por qué  no, si usted es capaz de aguantarlo por nosotros no hay problema...
Llegué solo al cuarto, cómplice de dos amantes que negaban su lugar en la vida...aquella cama estaba sola y yo lo estaría para siempre; coloqué algunas cosas que estaban tiradas por el suelo y su ropa impregnada de ella, y del bebé
Me tumbé, todo había sido un sueño seguro,- me repetía sin cesar- Pero abría los ojos y no estaba.

¡Temor!

Tengo tantos recuerdos que no vivo...Añoro el brillo de sus ojos, suplico otra lágrima de aquellas fogosas de gozo que brotaban de sus risas...Creí en nuestra fe como el que se agarra ingenuamente a un mundo de ficción, como el que nada en su propio abismo, como el que lucha en medio de la nada por morir amando.
¡Y de qué me sirvió!, ¡A qué tanto empeño por seguir mirándote, recordándote, llorándote, suspirándote! ¡Para que tanta farsa, si no te tengo ni tus rincones soñados ni la senda de tu cuerpo me traen la paz!

¡Condenado!
…Quizás porque al amarte, al entregarnos todo lo que merecíamos nos alimentábamos sin pensar.
Lo único que me hacía persona era tu amor, fui hombre, ahora soy paja.
Supe lo que es llorar sin lágrimas por orgullo, orgullo de amarte, supe lo que era Dios tan sólo averiguando tu dicha, lo que te gustaba...Y ahora vacío y solo, la vida me ha dado el mayor castigo: ¡Vivir sin ti!
Aquellas dos lágrimas, ¡Cómo olvidar!
Un trueno irrumpe en la quietud de la noche, como tu llanto inocente que suplicaba vivir... tú me hiciste enloquecer, tú me llevaste al abismo del odio.
¡Yo tuve que hacerlo!
Para saber lo que es vivir sin amor; tú y yo sabemos la verdad, y sé que en ti, donde quiera que estés, no hay rencor, porque me estarás viendo mal vivir y eso será suficiente.
Escuchar tu cajita, con la dulce, triste melodía me atormenta, pero lo hago por ti.
¿Dónde recostaré ahora mi alma?
Lloro mucho desde que no está, ya brota de mí esa agua salada que me hace humano y lloro, por mi Linda, mi otro yo.
Así todo no cambiaría ese pequeño secreto que tú y yo nos otorgamos, esa huella de paz que quedó en mí sombra.

 M.S


                                                


                                    

13 jun. 2018

Aprenderás



Camina, siempre
Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre  dar la mano y socorrer a un alma...
Y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad...

Comenzaras a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas...
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente,
con la gracia de un adulto y no con la tristeza de un niño...

Y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si, te expones demasiado...
Aceptarás que incluso, las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas...

Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma...
Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla,
y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida...

Aprenderás que las verdaderas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias...
Y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida...
Y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir...

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian...

Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o nada, solo por el placer de disfrutar su compañía...
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca
estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos...

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos...
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar...

Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el
tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y si no lo sabes, cualquier lugar sirve...
Aprenderás que si no controlas tus actos, ellos te controlaran y que ser flexible, no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque
le estarás quitando la esperanza...

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel...
Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo...

No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo...

Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado...
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles...
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más. 



William Shakespeare.

10 jun. 2018

La chica del taxi


 
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 Ella era valiente, decicida, pero estaba acomodada, lenta...

A ella le costaba tomar decisiones sobre todo esas en las que quedaba expuesto el corazón y el alma. No le gustaba para nada que se descubriesen sus sueños, se protegía con una sonora sonrisa que mostraba su sensual boca y que durante muchos años albergó el cautiverio de un querer que ahora había sacado de su vida pero no de su olvido, porque el olvido por desgracia tiene memoria.
Ella lo echó porque o era ella o él...

¡Por eso os digo que es valiente, mucho pero ella ni siquiera lo sabía!.

Empezó a dejar de ser ese robot que acariciaba el día con un café y un cigarrillo que se duchaba, vestía para salir hacia el trabajo que ahora le tocaba, sin contaminarse del ruido de los coches, de las gentes que también se dirigían hacia sus trabajos o de los pájaros que habitaban en las ramas de los árboles...de nada se enteraba, porque no había más pensamiento en su piel que él...se sumergía en sus recuerdos, los mejores, los únicos los que le hacían creerse feliz... y así pasaban los días sin pena ni gloria como se dice, capitulando las horas, los minutos y los segundos para volver a casa y cobijarse entre las sábanas y quitarse el frío del cuerpo a pesar que aún el verano no había llegado a su fin, sí sentía el invierno instaurado en su ser.
Hasta que tomó la decisión

¡Por eso os digo que es valiente, mucho pero ella ni siquiera lo sabía!.

También muchas veces mientras estaba en el trabajo colocando productos en las estanterías, se le iba la cabeza, y se preguntaba repetidamente: "¿Por qué a mí?", ¿Qué hice mal?, ¿Por qué me dejó de querer?"
Y se alojaba en su garganta un nudo nervioso, de los que pincha, de los que anuncian un dolor insuperable si no lo echas afuera, corría al baño pero no para llorar si no para respirar, inhalar todo el aire disponible en aquel minúsculo cuarto lleno de rollos de papel empaquetados, la fregona, el cubo, la escoba y un gran espejo de los que se iluminan al abrir la puerta, que le enseñaba sin remedio la imagen de una cara ojerosa, triste y seca de ilusión de la que se debía alejar cuanto antes, así era su cara...esa no era ella por mucho que ella se empeñase, sólo se hacía daño a sí misma un día tras otro albergando un no se qué, que de nada le servía...
Así que decidió que hoy, era el día de despedirse de ella misma...de dejarse atrás para vivir, sólo para volver a vivir, porque a veces se nos olvida...

¡Por eso os digo que es valiente mucho, pero ella ni siquiera lo sabía!.

Respiró fuerte muy fuerte mientras con paso ligero se acercaba al portal de su casa...se sentó en el sofá y se descalzó. Tomó el móvil y le escribió-no era la mejor vía de comunicación, siempre pensó que mejor cara a cara, pero tenía que hacerlo ya- palabras llenas de amor:

                  "Lo siento no puedo seguir así. Estoy acabando conmigo
                   por amarte sin respuesta, por mantener en mi alma
                   ni tan siquiera tu compasión. Si no quieres nada de
                  mí por favor, dímelo. Sincérate conmigo."

No pasaron ni dos minutos y tuvo su respuesta:

                  "Lamento que me digas eso, pero ahora mismo sólo siento
                  amistad y cariño hacia ti. Guardo un buen recuerdo de estos
                  cinco años contigo, pero lo siento no puedo ofecerte más"


¡Y ahora, ¿qué?-pensó ella-...Y se tumbó en el sofá pensando en el mar, en el oleaje, en la playa un lugar que siempre les había unido, para ella el mar era la paz, la luz, la vida... tenía que ir ya-pensó-...

Y se acurrucó sobre ella misma abrazada a un cojín. Y lloró, lloró un grito, desolador y frío. Y vomitó, y se volvió hacer miles de preguntas sin respuesta e interminables...y le contestó...

                " Tú nunca fuiste mi amigo. Todo lo que viví contigo fue amor, 
                  y no creo que te vea jamás así...así que me voy a desconectar 
                  de ti...adiós"

Y siguió en el sofá.
Y suspiró, sanándose.
Y se durmió.
Y esa noche soñó con ella.


¡Por eso os digo que es valiente mucho, pero ella ni siquiera lo sabía!.

A la mañana siguiente, se levantó como siempre se tomó su café, su cigarrillo, y se duchó. 
Era tarde pero pronto. 
Era el primer día de su nueva vida, de su nueva sonrisa, de su nueva ilusión...una ilusión extraña, real, sin nadie... porque descubrió que el mayor apego que debe existir es a uno mismo, -sin volverse egocéntrico- que amarse a uno mismo por encima de mucho es difícil pero necesario para aprender a querer sanamente a la vida, a todo lo que se tiene alrededor, para poder crecer y ofrecer todo lo que se lleva dentro, arriesgando, intentando y mostrando esa sorisa sonora que gustaba...

...¿Y cómo inició ese reencuentro consigo misma? os preguntaréis, pues dejándose llevar, viviendo hoy sin pensar en el futuro que sólo produce ansiedad.
Y también:
Se subió a un taxi para ir a trabajar, y contempló a los transeúntes, niños y niñas, árboles, pájaros, con una realidad aplastante, contempló la vida así como ella era, valiente...

-¿Chica a dónde te llevo?
-Lléveme hacia adelante- dijo ella-.

Y el taxi, inició la marcha...


¡Por eso os digo que ella es valiente, mucho más de lo que ella sabía!.

(Para: MRMV)

By: M.S.