23 may. 2016

"¿Crees qué la viste desnuda sólo porque le sacáste ropa? Háblame de sus sueńos, de lo que le rompe el corazón, de cuántas veces lloró contándote una historia triste de su pasado, o mejor aún, háblame de cómo le brillan los ojos  cuando están juntos. No, no la viste desnuda" 
Anónimo.

6 sept. 2015

Escalera de caracol

...Cogidos de las manos subieron la escalera de caracol que les llevaba a la planta de arriba.
El dejó la maleta en el suelo con suavidad, Teresa se soltó y caminó hacia la cómoda del pasillo en la que había un jarrón con flores frescas, hizo sitio y colocó los tulipanes azules; Sergio, no le quitaba ojo apoyado en el marco caoba de la puerta que llevaba a la única habitación con cama.
Al fondo una ventana por la cual entraba la luz dorada del atardecer que desaparecía ensombrecida por su figura y conseguía tal efecto que Teresa estaba aún más atrayente.
Sergio extendió su mano invitándola a acercarse.
Un temblor recorría todo su cuerpo, no lo duda marcha hacia él, sin dejar de observarse el uno al otro ni un sólo instante.
Teresa está tan cerca, que otra vez le embriaga su aroma, otra vez se siente aturdida.
Su boca se abre al placer de su respiración, sus labios secos de tanta espera ásperos de tanto tiempo, premian la humedad de su lengua, a la vez que acaricia su pecho clavando sus uñas sin compasión y con deseo. 
Ese beso, interminable placer que invita a seguir a olvidar y a seguir de nuevo. Sergio acaricia su rostro hasta el cuello jugando con los nudillos sin dejar de besarla.Teresa se estremece y se deja.
Su espalda, apoyada en la pared, es la única parte de su cuerpo que aún mantiene fría cosa que le gusta.
Pelea por salir de ahí.
Se balancea sobre el torso de Sergio en un amago de poder pero él la sujeta por las muñecas y levanta los brazos hasta colocarlos por encima de su cabeza. Teresa se quiere morir.
Roza con su labio su nariz, su frente, sus párpados, lame, chupa, muerde su oreja.
Insiste, una y otra vez...
Teresa huye de encontrarse con su boca pero levemente abre los ojos. El la estaba esperando; sabía lo que más le gustaba y se lo estaba dando.

-En la cama-suplicó Teresa
-Aún no.
Quiero que tiembles. Quiero que grites. Que no puedas más.-susurró-
-Por favor...
-No.

Soltó sus brazos. Teresa pensó que este preámbulo llegaba a su fin. Nada más lejos de la realidad.
De un brusco impulso, Sergio le quitó el vestido sin respetar ni un solo botón, al descubierto quedó su cuerpo con dos minúsculas prendas.

-Quita tú el resto- decidió Sergio-.

Teresa obedeció, segura de que el placer que él sentía era tan grandioso como su amor; desnuda ante él en cuerpo y alma.

-Acaríciate- le susurró al oído

Sergio se fue quitando la ropa mientras no apartaba la mirada de las manos de Teresa. En un principio había decidido alejarse hasta la cama para mirarla, pero se quedó cuando ella comenzó su peregrinaje físico.
Estar ahí, sentir lo mismo. Juntos.
Se sujetó contra la misma pared en la que ella tenía la espalda.
Agitada, jadeando cada vez más Teresa comenzó a palpar sus senos que aún se respingaban más con el roce de los anillos que llevaba; se mordía el labio con ardor cuanto más rápido las yemas de sus dedos rozaban su pezón, cuanto más se retorcía él más se mecía sobre ella frotándose. Llevaban la misma simetría al moverse. 
Los dos se miraron y se fundieron en otro beso eterno, placentero, sensual...
Teresa continúo su mandato a pies juntillas; era su doctrina. No había más mundo.
Teresa fue bajando la mano hasta llegar a su sexo pero esta vez no estaba sola; la mano sudorosa de Sergio dirigía cada acercamiento, cada caricia, cada intrusión en su foco de pasión.

-Sólo un poco más; enséñame cuánto me deseas. Grita; necesito escuchar tu delirio -dijo Sergio al oído-.

Ella no era dueña de su voluntad.
Se precipitaba hacia la cumbre más frenética ¡Cuánto había echado de menos tanto amor!.
Se resistía

-Te ansío tanto, Sergio. Pero, pero...-dijo jadeando al límite-
-No. No te reprimas, amor. Date a mí¡
-Soy tuya-gritó-

Sus espasmos se convirtieron en un armónico baile de placer inagotable. Sergio la eleva suavemente acostándola sobre la cama sin dejar de palpar su cuerpo. Daban vueltas sobre la cama, hasta que Teresa logró apoderarse del mando; se aupó sobres sus muslos quedando encima. Ahora ella guiaba, era la ama...cómo, cuándo, cuánto penetraría en ella sería un acertijo sin pronta resolución para Sergio. Eso a él no le importaba.
Teresa se alzaba y se dejaba caer suavemente una y otra vez, Sergio hundía su cabeza en la almohada resistiendo, sofocado, delirio puro; cada vez ella salía más, tardaba unos segundos en volver a entrar deseable, lasciva, dándole así la ocasión de subir la cabeza pidiendo compasión. Pero ella aún quería jugar, y  comenzó a mover las caderas en círculo, tajante, rápidamente, hundiéndose; él  mantenía el ritmo con sus piernas, abriéndolas y cerrándolas para sujetar así la espalda de Teresa.
Sin salirse, ella mueve primero una pierna y después la otra hasta tener a Sergio cerca, y le somete, apretándole con su muslo la cintura. El movimiento cada vez es más controlado; él besa incansable su escote, ella se apoya en sus hombros lo que le permite inclinar la cabeza hacia atrás. 
Ya no pueden más...los dos están decididos.
Foto: milicia.org


-Te siento
-Y yo a ti
-Te quiero tanto-dice Sergio-

Eso anima a Teresa aún más, ya no opone resistencia, ya no quiere frenarse, y se rinde al clímax.
Los dos caen rendidos en la cama.
Los dos se abrazan.
Ella contempla su paz en aquellos ojos miel que creía perdidos.
El, acaricia su pelo, golpea con el índice la punta de su nariz, y dulcemente se acerca al oído

-Gracias por amarme así -dijo emocionado-
-Me enseñaste el límite de la pasión, pero no me enseñaste a olvidarte Sergio.

Teresa se acurruca en su pecho abrigada por sus firmes brazos, suspira y brota de ella una lágrima.
Ahí estaba la esencia de la eternidad, justo ahí...
A su lado.

By Mónica Solís
(Extraído de la novela "Ahora no...de Mónica Solís

30 ago. 2015

Gota Imparable

...No sentía aire en el pecho, se subió los coullottes, el vaquero y se puso un jersey de esos de cuello ancho que caen como la propia piel por el hombro...apuró, cada paso era un suplicio; ni se percató que se avecinaba tormenta. No llevaba rumbo fijo pero necesitaba volar. Olvidarse de todo. Mientras andaba empezó a llover, al principio suavemente empapando su cuerpo abandonado a un bochorno interno incapaz de detener...a los cinco minutos la lluvia entraba por cada resquicio de su ropa...ella caminaba ligera sin prisa y en su cara se dibuja una sonrisa maliciosa...le gustaba sentirse húmeda...
Andaba y se mordía los labios dulcemente como sabía que él lo haría, se rozaba con los dientes, sin daño:- ¿No hay por qué? -pensaba-
Y seguía caminando, aunque quería volver a casa no quería parar. Sus pies chorreaban agua de lluvia y la llevaban hacia un camino sin retorno...le deseaba tanto en ese preciso momento que sería capaz de todo...
Se metió las manos en los bolsillos del pantalón, sus dedos quedaban justo a la altura de su pubis y acarició despacio a través del forro, se detuvo justo en un portal que mantenía abierta su vieja entrada...¡Tenía que entrar!
La tormenta había dejado a oscuras muchos edificios, y también había precipitado el atardecer.
Miró alrededor y sintió un escalofrío. Se apoyó en la primera pared que tuvo a mano...alguien la había seguido y se estaba acercando.
Extrañamete no sentía miedo, sino deseo...irrefrenable, loco, ...
Sintió su aliento en la nuca, ella cerró los ojos y ladeó su cabeza. El la besó y recorrió con la lengua su cuello mientras presionaba su cuerpo hacia el suyo empapado de lluvia...Ella seguía con una mano dentro del bolsillo, acariciándose con más ímpetu, la otra atrajo hacia sí el cuerpo de él..El usó las suyas para subir el jersey y abarcar sus pechos, dejando entre dos de sus dedos asomando los pezones, presionándolos con suavidad y con ansiedad por la sensación de que alguien entrase...
Él decidió bajar hacia el ombligo, refugio de tanta impaciencia, y bordeó su tripa...caricia a caricia cada vez era más rápido el ritmo
Ella se desabrochó el vaquero e inclinó su trasero hacia su miembro...su mano ya no estaba
El la izó y se escondieron debajo de las escaleras, era un edificio antiguo, y su intimidad se vería a salvo si algún vecino les oía
Entonces ella le desnudó, lamió una y otra vez sin reparo se sentía capaz de todo él tapó su boca sólo un poco, los jadeos de ella iban subiendo de intensidad pero le gustaban tanto...
El sitio era pequeño pero eso no impidió que cada vez más llegase el momento culmen....ella se sujetó a una madera con las dos manos para sentarse encima, sus brazos quedaban por encima de la cabeza de él, estaba literalmente colgada; él se sentó en un pequeño taburete...y como si de un baile de enamorados se tratase, iniciaron un compás armonioso de movimientos q en pocos minutos les hizo estallar de puro deseo.
Al terminar se besaron...

-¡No deberías haberme seguido!-dijo ella.
-...¿Y perderme esto?-dijo él-

...y caminaron juntos...a pesar de la lluvia





29 jul. 2015

"No sabrás todo lo que valgo hasta  que no pueda ser junto a ti, todo lo que soy"
Gregorio Marañón

28 jul. 2015

"No hay disfraz que pueda largo tiempo
ocultar el amor donde lo hay, ni finjirlo donde
no lo hay"

Francois de la Rochfaucould

27 jul. 2015

              "Cuando puedas vuelve, por que acecha tu fantasma jugando a las escondidas"                                                                                       de Silvio Rodríguez

15 mar. 2015

Alma


...Si lo hacemos...
Saldrá mezquino, ridículo, precipitado...
No vale de cualquier manera.
No necesito que me inunde en el momento y me deje vacía
No quiero la locura sin mi red.

 El invasor

El terreno es farragoso...la batalla seca pero firme
¡Luchadores!
((Foto de: mundoparalelo.com))
sin ataduras, sólo la de los amantes exhaustos de deseo y un ansia pasada
Un puede ser, un acaso...un sí...¿porqué no?

Siervo

...de una mentira, de una condición en papel, de árboles de ramas gruesas que sólo fueron espejismos de quimera plácida...cautivo de tu propio errar...y lo sabías..

Arañas...

Cada poro de la piel llagada,
cada resquicio ya tentado no olvida no le da la gana no se lo merece no tiene ningún rencor 
y tu...¿qué guardas?

Cautivo

¿...de una lisura fina, resbaladiza, elemental? Claro...¿cuál es la traba?

volverá a pasar
Te volverá a suceder...

Escudo

Esta es la raíz de tu alma...escóltanos, 
deja que me refugie...se abrigo de mis adivinanzas retóricas de juegos brujos con respuesta obvia.
Búrlate del cielo gris y de la noche cómplice...

Desafío

...piel más alma..
¿Hay miedo?...sólo desafío


¡Espéralo!


Mónica Solís











19 nov. 2014

Despídeme de ti

Me gustaba observarla en silencio, atravesar con su mirada su propia alma.

Hoy reflejaba felicidad, apenas llevaba nada encima y su figura se podía admirar dentro de aquel escuálido camisón rosa. Leía un libro de un autor de esos escépticos que son incapaces de comprender la existencia de  seres como yo que necesitamos  palabras fáciles, para sentirnos humanos. ¡A qué tanta complicación!
Continuaba absorta en la lectura, ni siquiera me había oído. A veces levantaba la vista hacia la ventana y veneraba la naturaleza, -seguramente es mejor aliada- las acacias sobresalían por encima de los pequeños bancos de piedra volviéndolos aún más diminutos, los gorriones revoloteaban desesperados de  una rama a otra buscando  paz, el cielo -Gracias a Dios- avecina un hermoso día.
¡Sabía que le vendría bien este cambio!
Aún la miraba. No pedía más instante de felicidad, era mi gran placer, recrearme en ella mirarla...
De vez en cuando ella se soplaba entre el escote, hacía calor, y coqueta se exploraba  las heridas de los años, había engordado más de lo que tenía calculado, pero seguía despertando admiración entre ellos y respeto entre ellas; por supuesto  yo, seguía deseándola más que antes y que ayer y que hace un segundo...
Por un momento me estaba sintiendo mal, aquel libro llenaba toda su atención era la única visión existente en aquel cuarto, aunque vigilaba todos sus movimientos, mi presencia no había hecho que se movieran  ni un ápice sus grandes ojos verdes.
¡Otra vez lo estaba haciendo! Soy incapaz de respetar su intimidad, ella era feliz y estaba intentando destruirlo para aplacar mis ansias, deseaba gobernar su libertad, me merecía ser correspondido, nunca escuchaba mi opinión, no importaba, sólo era ella y sus deseos. ¡Algo!; tenía que emplear la palabra adecuada, para no sentirse espiada, un ruido, un gesto, algo, pero ya...Como siempre todas mis cavilaciones habían sido inútiles ella me había visto.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Por qué no me has dicho nada, cariño?
Su voz dulce, su generosidad y mi gran intolerancia, hacían que mi garganta inhalase demasiado aire, aquella rabia afectaba tanto a mi estómago que me daban ascos.
- No llevo mucho aquí ¿qué lees?
- Algo que no te gustaría, excesivamente raro para ti, ¿has traído las lenguas de gato que te pedí?
Ella se levantó y vino hacia mí, en aquel momento se me cayeron al suelo las bolsas de la tienda ¡estaba más hermosa que nunca!, me sonrió y la besé intenso.
- ¡Aún no me has contestado!- con su voz melosa acostumbrada a invitarme a sus deseos -.
No podía contestar. Sentía irremediables deseos de amarla en ese instante, de fundirme en su cuerpo ofrecerle mi vida por sus caricias. Siempre me dominaba, hacía de mí una marioneta desenfrenada que con violentos gestos pedía socorro en silencio. Me seguía apretando algo en la garganta, iba a terminar vomitando.
Dormía y una luz tenue entraba a través de la persiana, en la calle unos jóvenes alborotaban y gritaban como si fuesen sus últimos soplos de vida, el ruido hizo que Linda se revolviese en la cama y se alejara de mí. Otra vez solo sin ella y otra vez ese miedo loco; procuraba arrimarme sin que ella se despertase, lento, su piel limpia y suave, su olor inolvidable que me hacía recordarla aún estando a pocos centímetros de mí, así me sentía tan suyo, ella me permitía sentir esa seguridad tan efímera que se palpa al amar.
¡Mi propia pasión me ciega, no tengo voluntad vivo desolado y duele esta gélida sensación que circula por mi pecho!                                                                                                                                
¿Quién se atreve a decir que el enamorado es feliz sin saber más allá de su propia posesión? ¿Quién es el atrevido que se engancha a él como si supiese que le va a convenir?
Amar no es un negocio pero te permite cierta seguridad repugnante, que avala poder continuar creyendo, existir a su lado como un fiel soldado de una cruzada, que busca el santo poder de la felicidad. Es una prisión para el poseído y una tumba para el humillado, irrelevante es todo lo demás, tus angustias, tus necesidades, todo se oculta tras una pasión irrefrenable que agota tus sentidos que convierte tus facciones en muecas abominables con gestos sinceros y olvidados para los demás...
Estaba amaneciendo, el sol apuntaba como un verdugo a sus ojos, ella no debía despertar ¡Aún no!, si existe un Dios debería permitirme contemplarla toda la eternidad, esa sería lo única oportunidad para sentirla mía.
Linda tenía planes para hoy y yo sólo deseaba estar con ella en aquel pequeño cuarto, en aquel servicial "nido de amor" que celosamente guardaría nuestras decisiones, Linda y yo teníamos mucho que hablar, esa era la causa de estar en Rolle, a la orilla del lago Gerniersse en una villa de Suiza pasando un largo fin de semana. Hablar, ese era el motivo de nuestro viaje, sentarnos como personas sociables a conversar, y yo me preguntaba cómo dos amantes pueden ser civilizados,  para qué, se supone que es lo último que deben ser  la realidad no debe alojarse en sus vidas  la mezquina existencia o rutina no debe atormentar el caudal de una irrealidad subyugante de una sólida alianza, ser ante el mundo dos polígonos sin temor al riesgo. Pero ella quería sentarse frente a frente, hacer ruegos suplicar cambios, que fuese el de antes, que volviese a ser el mismo.
No podía seguir huyendo, no debía asustarme; lo que ella me diría sería pura lógica, sus propuestas estarían dentro de  la más absoluta cordura ¡como siempre!
Pero, ¿quién no temería a todo aquello que se me venía encima?
Yo me estaba desvaneciendo por dentro, quiero, necesito gritar, ¿cómo voy a convertirme en un oyente pasivo, si enfrente tengo a la dueña de mi propia consecuencia, de mi voluntad y de mi dominio?
No me conozco, apenas sé como soy, lo único tangible es que le pertenezco por completo y que no me entiendo si no estoy a su cobijo, ¿cómo enfrentarme entonces, cómo desafiar el destino; debo iniciar yo la charla? ¡No!
Seguro que no hace falta, ella vino con el propósito y es tan terca que no regresaremos a casa sin hablar; pero confieso que tengo miedo, hay algo dentro de mí que se siente muy solo y triste.
Se despertó y volví a habitar en la tierra, dejando mi silencio descansar...

Quería ser un verdadero turista, sacar fotos a los monumentos, ir a visitar los museos o simplemente pasear con Linda; había sido una mañana agotadora, desayunamos en el hotel, con demasiada gente, casi era imposible entenderse por el ruido estridente así que decidimos irnos.
Entramos en una vieja librería llamada “Estilo y compramos una guía turística. Empezamos a andar y lo recorrimos todo como verdaderos fanáticos sin dejar títere con cabeza. Linda se emocionó al  ver la pequeña ermita que reinaba poderosa desde un alto todo el sumiso y pacífico pueblo; no dudamos en entrar aunque la portezuela estaba cerrada casi herméticamente. La ermita era muy limitada y se notaba la mano de una mujer, quizás alguna viuda adinerada que pasaba sus ratos de ocio irremediables en compañía de los santos y la bayeta; respirabas ese noble sosiego, esa calma que sólo experimentas en ese tipo de edificios creyente o no, allí no existe ningún humano capaz de no sentir algo aunque sea inaceptable para algunas mentes. Linda se arrodilló frente a un icono de una hermosa virgen, parecía antiquísimo, y juraría que debía dar nombre a aquel lugar... Inclinó su cara sobre las palmas de sus manos y si no fuera por mi hubier llorado.                                                                                      
De repente Linda se había convertido al cristianismo o, como siempre lo estaba confundiendo todo ¿Tan sólo se trataba de un desahogo?
Lo cierto es que sin decir nada me fui y la esperé contemplado y exhalando la misma paz que dentro, aquel lugar era magia pura... yo no tardé en oír el portazo, ella caminó hacia mi.

-¿Por qué te fuiste, ni siquiera esto quieres compartir?
 No daba crédito a lo que estaba escuchando.
-Quería dejarte sola con tu intimidad y sabes que mi mayor deseo es entregarme hasta la mismísima muerte.
-Yo no te pido tanto, morir a la vez es soñar demasiado.
Sería bastante irreal para que fuera cierto. Dejé el enredijo no era el momento...

Ella caminaba ligera más que yo deseaba alejarse,  le estorbaba; de todas formas irradiaba tanta felicidad que incluso era consciente del daño que eso me hacía; saltaba, cantaba y yo detrás como un imbécil, sin más cordura que el reflejo de su alma en la infinidad de sus lágrimas.
¡Sí! lloraba, lloraba desconsolada y sin la amistad de mi propio organismo que se negaba a facilitar las lágrimas del perdón.
Hacía  años que no  exteriorizaba mi llanto, cada vez que mi alma se rasgaba me lo tragaba.
Ya de vuelta en el hotel nos duchamos y pedimos al servicio de habitaciones, -más que servicio era una amabilidad de la dueña para con nosotros, le caímos bien-, algo de comer, todo frío ya que el bochorno era demasiado fuerte como para hincharte a manjares; nos pusimos cómodos y mientras picábamos ella me observaba, el movimiento de su boca, su forma de masticar me ponía enfermo. Yo ni siquiera levantaba la vista, ¡Qué frágil me sentía!
La temo, sí, como si me fuera a castigar por no haber sido bueno.
¡Hasta cuando seguiremos así! -pensaba-.
No tardó en darse cuenta de mi cobardía, de mi lentitud, de mi angustia y atacó.

-¡Necesitábamos estar solos, eh!, ya te lo decía yo, mejor es afrontar los problemas que dejarlos estar, en casa, tú con el trabajo y yo con el mío, sólo servía para distanciarnos más, para ser capaces de huir...
-¿Qué problemas, acaso no tienes cuanto deseas, acaso no te ofrezco todo lo que tengo lo que soy?, ¿qué quieres de mí? Linda yo te amo y no sé lo que te sucede...
-¿Lo ves?, déjame terminar...- miró con insistencia- sabes bien lo que te ocurre; siempre criticaste a los hombres que sospechaban de su mujer, decías que demasiado ardor podía conllevar a una devoción tan real que sólo un egoísmo una inseguridad, una inmadurez, acababa...-la interrumpí, me estaba agrietando por dentro-
-¿Qué intentas decirme? que ahora soy así, que te espío, que te atosigo, ¡es mentira y tú lo sabes!; supongo que mi cambio se debe al estrés...  el viaje nos vendrá bien, ya verás, dejarás de ver cosas donde no las hay.
Me levanté y cogí el teléfono.
Sus ojos llenos de incredulidad e ira, me exploraban absortos sin saber expresar todo lo inexplicable de mi actitud...
-Yo no veo las cosas así, Ricardo, por extraño que te parezca las siento...Temblé

Linda se encerró en el baño y yo me acurruqué en la cama esperando que una mano piadosa -incluso como la de una madre- me acariciase y dijese que todo iría bien que mi ineptitud, se debía sólo a la rutina al agobio tan grande que sentía, que todo pararía, que nos iría bien...
Pero aquella mano no llegó, ni la calma, al contrario la marejada acababa de empezar.
Salió del baño dando un portazo y pululó por la habitación, para mí todo se ensombrecía,  todo ¡No me lo merecía! Su cuerpo irradiaba tanta hostilidad, tanto desequilibrio que me daba pena pero yo no podía volver a sacar el tema, evidentemente huía como un maldito cobarde. Debía ser cauteloso, en esos instantes cualquier punto de vista sería un intento fallido de felicidad, no era lícito revolver más mi basura.
Se metió en la cama enfadada con tal agresividad que sería un insulto intentar amarla, por un momento creí ser aquella almohada que azotaba a puñetazos con el fin de colocarla a su medida, se estaba confesando entre golpe y golpe. ¿Me odiaba?
La sentí sollozar, minutos después de apagar la luz... puse mi mano temblorosa en su hombro, la aceptó, se volvió y cedió su fuerza ante mí...deseaba que la amase y yo deseaba amarla...
¡Aquella noche comprendí que era un maldito egoísta, un ser ruin, que mi único error era quererla insistentemente, desesperado como me amaba a mí mismo con miedo y resignación sin tener el poder para volver a nacer y  hacerme diferente!
Nada dentro de mí encontraba solución, me hundía más y más pensando cuán lejos estaba de aquel amante bondadoso y delicado que era al principio, aquel que cuidaba sus más aferrados movimientos en el estudio de hacer más placentera la vida de su amante. ¡Oh, Dios si de veras existes, ayúdame!, porque siento que la estoy perdiendo, que no sé quién soy, que cada vez soy incapaz de escucharla, que no quiero escuchar una y  otra vez como repite mis faltas ¡Ayúdame, señor, por qué la pierdo! me repetía mientras acariciaba su cuerpo aún dormido, con ese nudo en la garganta que te impide respirar pero te hace comprender que eres un orgulloso, un inútil hasta para llorar.
Nos quedaba tan sólo día y medio para disfrutar del ambiente soñador e insólito, que aquel lugar nos ofrecía, así que la decisión era clara: salir urgentemente de compras y después sentarme a entender sus ansias y anhelos, en el fondo quería saber el porqué de su desdicha.
Los sábados había un pequeño mercadillo donde por poco dinero podrías adquirir verdaderas joyas, cuadros, tapetes, jarrones, así nos lo contó la entendida propietaria del hotel.
Eso a Linda le encantó, ella estaba llena de emoción le chiflaba la aventura lo desconocido, a mí todo lo contrario. Una vez en el mercado me preguntaba para qué todo lo que se estaba comprando, bastaba que yo le dijese algo para que ella llenase la bolsa de artículos innecesarios, era muy tozuda. Lo único que verdaderamente me gustó fue una pequeña reproducción de la ermita tal y como debió ser en realidad que me inspiraba la misma sensación, la añoranza de un tiempo feliz, aunque lo mejor aún estaba por llegar- esas, creo, fueron las palabras que Linda me espetó al observar la expresión de mi cara ¡Realmente ella tenía tanta ilusión porque todo fuera como antes!...
¡Cómo la vida torció nuestro futuro! No lo sé.
Después de casi tres horas en aquel preciado lugar para mi nostalgia, sé que regresamos al hotel, y nos esperaba un fantástico almuerzo preparado por Madame Sophie, como ella dijo: " Ya que es su último día en el hotel". Nos íbamos el domingo, al menos esos eran nuestros planes; gustosamente invitamos a Sophie a sentarse para que a la vez que saboreábamos tan exquisito manjar nos explicase cada plato; de primero nos preparó un caldo que no recuerdo los ingredientes pero sí el sabor, más bien salado, bonito en rollo, con una salsa marinera harta de especies cosa que nos sorprendió ya que en esa época del año era muy difícil conseguirlo en esa región, y por último un postre que se llamaba "Alcremy" a base de miel, almendras y crema pastelera. ¡Todo excelente! 

¡Qué irónico!

Ya en los cafés comprendí lo difícil que se ve pasar la vida a través de unos ojos cansados, la soledad en la  vejez es lo peor que existe para el ser humano, dejar de sentirse necesitado, la falta de cariño, mantener todavía alto el listón del genio para que el mundo no abuse, seguir adelante cuando en realidad lo único apetecible sería sentarse a descansar y dejar que el tiempo pase, de vez en cuando rozaba su mano con amabilidad algún cliente, esa era quizás su mayor recompensa.
¡Llegar a viejo es morir poco a poco!
Acompañar a Sophie esa horas hizo muy feliz a Linda, hablaron de sus cosas y entre toda la conversación me quedo con un consejo, recomendó a mi mujer tener pronto un hijo que no debía dejar pasar la oportunidad que luego sería injusto aspirar a lo que otros tienen o sienten por ser un poco egoístas. Linda le respondió que no era el mejor momento, Sophie le advirtió que ningún momento era el adecuado para tener un hijo que ante la viveza del amor sólo tenía la ventaja de ser joven.
Subimos al cuarto, estaba ansioso tenía un regalo, le había comprado en el mercado mientras ella se distrajo una caja de música en madera de roble de aspecto rústico y con un pequeño hilo de oro alrededor de una inscripción en negro que decía algo así como: "Siempre tuyo".
Ya en la habitación mientras ella se ponía cómoda intenté, haciendo un amago de manitas, envolver mi regalo lo mejor posible, al salir del aseo me apoderaba una inquietud, ¿Le gustaría?, ¿Probaría esto mi intento de reparar el daño que le estaba haciendo?...

-¿Qué haces ahí sentado?
-Toma es para ti. Yo -titubeando-  bueno ábrelo.
-¡Pero, cuándo, qué preciosidad! -me miró, su rostro reflejaba tanto amor-¿Qué música suena?
-Es el Adagio de Albinoni, seguro que lo has oído en alguna película, ¿no te gusta la inscripción?
-Si, sé que siempre serás mío que nadie podrá llenar tú alma como yo, si algo puedo hacer dímelo, somos una persona y tus miedos son los míos. Ricardo quiero ayudarte, no estás solo dime qué tienes, por qué has cambiado así, yo...
¡Grité como si se me fuese la vida en él! ¿Qué me estaba diciendo?, ¿a qué este acoso? Le dije que me dejase en paz, que cuando llegásemos a casa iría derechita a un psicólogo, que la problemática era ella. Yo era perfecto. Linda no cesaba de llorar, suspiraba y me miraba horrorizada, por el contrario yo hacía tales aspavientos que parecía un personaje grotesco, me contemplé en el espejo y un silencio delirante pobló todo el cuarto…
 ¡Qué me pasa!, ¡Qué estoy  haciendo!-pensé-. Me arrodillé a sus pies:
-¡Ayúdame, por lo que más quieras, ayúdame!
Apreté mi cuerpo contra ella y como un niño desamparado me acuné
-Todo se arreglará, no te asustes- repetía Linda sin cansarse-. ¡Estoy aquí!

Ella seguía llorando a la vez que acariciaba mi pelo. Me metió en la cama, me contempló durante un largo rato, sin decir nada sólo nos mirábamos luego me dormí.
Al despertar noté la falta, salté de la cama y miré alrededor, allí estaba se había quedado dormida en el pequeño diván, seguramente tras no poder controlar más su llanto.
¡Qué vulnerable soy sin ella! Debía tener frío pero no quería despertarla así que sólo me acerqué y la observé una y otra vez, me quedaba tanto para aprenderla de memoria que no me cansaba de adorarla...Se merecía toda mi cautela,  mi atención ¡Era tan bella!, ¡Cómo podría estar haciéndole tanto daño!.

¡Confusión!

Cuando eres joven y vas comprendiendo las telarañas que te ofrece la vida, te advierten de los peligros posibles, dejas el llanto en el vientre de tu madre, y sigues; pero en el amor nunca aciertas, pides más de lo que te dan por que estas acostumbrado a ser egoísta, pides entendimiento y ni siquiera comprendes que la vida se complica por tu culpa, pero en el amor se llora, se sufre, se es protector, egoísta, desalmado,  interesado, exigente , espantoso, considerado,  generoso, derrochador, cómodo, y en el fondo existe algo que acalla o niega todos los sentimientos más eternos que pueda imaginar, la maldita cobardía.
¿Cuántas veces se omiten verdades para no hacernos daño?, ¿cuántas veces en nombre de tu amor juras en vano?, ¿cuántos veces en nombre del amor desafías el destino ajeno?, ¿cuántas veces en nombre de ti mismo te dices que todo va bien? Engañarse es muy fácil, compadecerse es aún más condenable...
Estuve un instante mirándola con mi alma, acariciando su piel, cada rincón era un tesoro preciado de mi posesión, no tiene miedo, el límite estaba en nosotros mismos, pero eso no servía no bastaba no sopesaba lo demás. La vida se equivocó con nosotros, nos cedía tan sólo la cara más agria del amor aquel cuento se parecía ya al de Pandora, por ahora mejor era mantener la tapa cerrada.
Nos vestimos de noche, nos fuimos y dejamos en el olvido las horas amargas, hacía calor pero se soportaba, la brisa te ofrecía la posibilidad de creer en los dioses, aquella luna, que jamás olvidaré, lucía en el cielo dominando todo, como Linda, era la estrella principal de aquella película y yo era tan sólo el apuntador que espera ante la mirada de la artista una debilidad, una necesidad,  para amarla. ¡Me conocía tanto!
Es terrible averiguar que todo a tu lado sigue un proceso, y tú te empotras en tu mundo como un observador mudo y sordo que no entiende de señas. Ella me lo decía con los ojos con sus manos, con su cuerpo expresaba y pedía un auxilio ¿Porqué fui tan necio?
La velada estaba siendo fantástica, bailamos un par de piezas muy lentas como si en cada movimiento acariciásemos una ilusión, la posibilidad de seguir eternamente juntos, mimando cada misiva que telegrafiaban nuestros latidos, un instante para no olvidar...volvimos y entrelacé mis dedos a los suyos, respiramos y juntamos nuestros cuerpos en la suavidad de las sábanas, suspiramos y apagamos la luz...casi era de día pero nosotros todavía sosteníamos el faldón a la luna...

Llegó ese día, daría lo que fuera por alejar ese recuerdo del baúl de mi memoria, me hace heredero de mi propio infierno, me atormenta vivir. Linda se levantó bruscamente y hurgó en su bolso, sacó un cigarrillo y lo encendió; yo la miraba con recelo, ¿qué iba hacer?...de sobra sabía lo que se me venía encima así que no salí de la cama.

-Déjame hablar y por Dios no me  interrumpas.-suplicó
Se sentó en la mecedora que estaba junto a la ventana y el humo del cigarro volaba libre por ella, eso quería hacer yo...
-Linda tenemos que prepararlo todo hay mucho que empaquetar, si quieres...
-No, maldita sea, no lo hagas, necesito hablarte, que me escuches y me respondas, que no te quedes inmóvil ante mis acusaciones, que te defiendas pero que en definitiva me digas algo. No lo arregles con un beso.  Necesito más, lo entiendes, de esta habitación tiene que salir arreglado tu problema, no me iré contigo a casa...

Sé que tenía que ofrecerle esa paz que me exigía, escucharía su queja ya que sólo pensar que me podría dejar me daba ganas de vomitar...

¡Miedo!

-Ricardo-dijo-estoy harta de ti, no soporto verte huir cada momento, has cambiado, te siento extraño, te has vuelto un desconocido, en tus brazos siento un engaño tras otro, estoy defraudada y eso está haciendo que me hunda, me miras y reflejas falsedad... te llevas vendiendo desde hace meses, me dices que la extraña soy yo...No dudo de tu amor, dudo de ti, que es aún peor, te has convertido en lo que jamás pensé, un celoso cobarde y desequilibrado...te estás llevando mi juventud, y mis días, pero lo peor de esto es que no lo reconoces y eso...eso me asusta Ricardo...

Yo giré la cabeza en busca de su rostro, estaba desencajada, le estaba costando decirme todo eso, lo sé, quería explicarme y la voz no salía de mis entrañas...-...te has vuelto un dictador y desestimas mi voluntad. ¿Crees que no me doy cuenta? La ley de los varones es así, cuando os sentís envejecer acotáis el terreno como si de ovejas se tratara. ¡No es así, maldito seas contesta!...
-Yo...es que...pero- no me salían las palabras, necesitaba escuchar tanto de mí, y no era capaz de emitir tres sonidos coherentemente.
-¡Quiero saber por qué te enfadaste con Andrés! ¡Sólo fue un ramo de flores! Un compañero de tu trabajo, con el que te vas de copas desde hace casi seis años, se limita por cortesía a obsequiar  a la mujer del que considera amigo, y encima admira como hombre, a enviarle un insignificante ramo para agradecerle un favor que le hice... Pues eres tan extravagante en tus ideas que te imaginaste una aventura, casi consigues que Andrés terminara con su compañera y has roto una amistad sincera... pero no, tú sigues diciendo que no te ocurre nada, te inventaste un cuento tenebroso y me costó hacerte entender que no era cierto...

Se puso a llorar como una niña desvalida...

-Ricardo, necesitas ayuda, yo...ya no  puedo creerte más...
-Oye, Linda, yo te quiero, te lo doy todo o no te he dado este viaje...
-Lo del viaje era una escapada para ti, esta conversación estaba pendiente desde mucho antes. No seas testarudo...Quiero ayudarte.
Se hizo el silencio, se sentó de nuevo en la silla y lloró.
-Linda,  no llores por favor sabes que no lo soporto.
-Y que quieres que haga si es lo que me pide el alma, llorar y llorar, sólo piensas en el daño que te causan a ti mis lágrimas, detestas escuchar lo que no es en tu propio beneficio, hay momentos en los que me siento tan desdichada, que me culpo de tu agresividad...pero tú eres dueño de tu propia voluntad ya ha pasado aquella fase en que tú eras yo y yo era tú; lo único que tengo claro es que estas destrozando nuestro matrimonio y  que no será porque yo no intente remediarlo, aunque también tengo claro que no me hundirás contigo !estoy harta!.

La dejé llorando y fui  hacia el  baño ella vino detrás de mí, yo en actitud agresiva me volví y le dije que si lo que quería era el divorcio que sólo dependía de ella, "ves Ricardo como no entiendes nada"-me dijo- Eché el brazo hacia atrás en un amago de que me dejase a la vez que le di la espalda y entré…

Así lo recuerdo, así lo tengo grabado en mí tortuosa memoria que cada día se siente más indefensa esperando una maldita respuesta.

-Don Ricardo, ¿está usted seguro, no la agredió, no la empujó intente recordar?- Dijo el detective Rollan, que curiosamente era el sobrino nieto de Madame Sophie.
-Se lo juro- y continué.

Me miré al espejo del baño y me lavé las manos ya que me sudaban y entonces comencé a explicarle lo que me sucedía:
"Linda sé que he cambiado, ya no soy el mismo, todo se arreglará cuando visite a ese amigo tuyo psicólogo y me explique de dónde viene estos miedos, voy a poner todo de mi parte, te  lo prometo, pero no me dejes te lo suplico... te necesito... ya sé que siempre me dices que el amor no es necesidad, que es demostrar día a día que intuyes el alma del otro, pero tengo horror a enfrentarme solo a esto lo entiendes verdad"
                                                                                                                          
-Y qué más ocurrió, venga dígamelo- dijo el detective.
-Le pregunté si me escuchaba, y al no contestarme salí y la vi tendida en el suelo:
¡Dios mío Linda! ¿Qué te pasa? ¡Contesta Linda! La apreté contra mí y le repetía una y otra vez, que no me dejara.
-Y entonces es cuando yo entré y vi a la señora tendida en el suelo y al señor abrazándola...me di cuenta al acercarme que estaba muerta... yo no creo que el señor, bueno que él haya sido quien... ellos eran felices aunque tenían problemas, la señora Linda me dijo que eran pequeñeces, ella lo amaba profundamente y él...
-Bueno tía, lo que tú creas no es admisible, la escena de este aparente accidente y lo que realmente ocurrió sólo lo sabe, por el momento el señor.
-Le juro, yo no sé cómo  fue... sólo sé que pretendía que se calmase y por eso fui al aseo, y al salir estaba...
-Sí, si ya me lo ha contado, pero debo esclarecerlo todo, están haciendo la toma de huellas los del laboratorio me enviaran cuanto antes el informe, y por supuesto como  siempre en estos casos la autopsia será el dato más favorable para saber la verdad, ¡Don Ricardo debe colaborar!...
-No sé en qué, pero estoy aquí ya no tengo dónde ir...

El informe forense no se hizo esperar.
Le hicieron la autopsia y descubrieron que Linda había  tropezado contra la cama por una pequeña  herida en la nuca hecha al caer, tras sufrir un desmayo probablemente tras la discusión. La causa de la muerte fue que al caer se desnucó...Lo más triste es que Linda estaba embarazada...
-Creo que está todo claro, aunque personalmente seguiré investigando, puede marcharse, y hacerse cargo del cadáver, si no es hoy puede venir mañana... De momento no se ausente.
-Sí, así esta noche descansará -dijo Sophie- llevamos demasiadas horas en la comisaría, debe intentar dormir.
-Puedo ocupar la misma habitación- rogué al comisario-
-No veo por qué  no, si usted es capaz de aguantarlo por nosotros no hay problema...
Llegué solo al cuarto, cómplice de dos amantes que negaban su lugar en la vida...aquella cama estaba sola y yo lo estaría para siempre; coloqué algunas cosas que estaban tiradas por el suelo y su ropa impregnada de ella, y del bebé
Me tumbé, todo había sido un sueño seguro,- me repetía sin cesar- Pero abría los ojos y no estaba.

¡Temor!

Tengo tantos recuerdos que no vivo...Añoro el brillo de sus ojos, suplico otra lágrima de aquellas fogosas de gozo que brotaban de sus risas...Creí en nuestra fe como el que se agarra ingenuamente a un mundo de ficción, como el que nada en su propio abismo, como el que lucha en medio de la nada por morir amando.
¡Y de qué me sirvió!, ¡A qué tanto empeño por seguir mirándote, recordándote, llorándote, suspirándote! ¡Para que tanta farsa, si no te tengo ni tus rincones soñados ni la senda de tu cuerpo me traen la paz!

¡Condenado!
 
…Quizás porque al amarte, al entregarnos todo lo que merecíamos nos alimentábamos sin pensar.
Lo único que me hacía persona era tu amor, fui hombre, ahora soy paja.
Supe lo que es llorar sin lágrimas por orgullo, orgullo de amarte, supe lo que era Dios tan sólo averiguando tu dicha, lo que te gustaba...Y ahora vacío y solo, la vida me ha dado el mayor castigo: ¡Vivir sin ti!
Aquellas dos lágrimas, ¡Cómo olvidar!
Un trueno irrumpe en la quietud de la noche, como tu llanto inocente que suplicaba vivir... tú me hiciste enloquecer, tú me llevaste al abismo del odio.
¡Yo tuve que hacerlo!
Para saber lo que es vivir sin amor; tú y yo sabemos la verdad, y sé que en ti, donde quiera que estés, no hay rencor, porque me estarás viendo mal vivir y eso será suficiente.
Escuchar tu cajita, con la dulce, triste melodía me atormenta, pero lo hago por ti.
¿Dónde recostaré ahora mi alma?
Lloro mucho desde que no está, ya brota de mí esa agua salada que me hace humano y lloro, por mi Linda, mi otro yo.
Así todo no cambiaría ese pequeño secreto que tú y yo nos otorgamos, esa huella de paz que quedó en mí sombra.

By Mónica Solís.


                                                

                                          

17 nov. 2014

Más allá de tí...

...¿Qué hay?

Supongo que poco, una rutina impaciente, una congoja insufrible, un dolor de alma convertido en calvario...

¡Nunca!.Y eso es terrible.

Como la noche, como la luna en menguante, como el sonido inoportuno de mi angustia.


Dame besos y amor.
Es tan fácil amarte tan fácil que resulta aburrido, deprimente, agotador.

Ya no sé como desnudarme, cómo enseñarte mejor mis cartas, como encender tu pasión, el juego, el andar de fría sonrisa. 

Mis babas anidan en mi garganta y me producen ascos...tantos...que vomitar es inviable.

Esto no es amor es hábito.                               

Y sé que todo es tan fácil a tu lado, lo viví, lo recuerdo...tan fácil que el miedo es mi único pretexto para renunciar, es tan vago ese capítulo pero tan intenso

Pero no.                                 
Es imposible.                            
No puedo.
No quiero.
Me niego.
Lo siento.

A veces se me olvida que más allá de ti- aunque los que más saben me juren Mque no habrá una mañana más a tu lado- no podría ser feliz.    

Mónica Solís                                                              ⛧