27 oct. 2019

Labios.


No sentía aire en el pecho, se subió los culotes, el vaquero y se puso un jersey de esos de cuello ancho que caen como la propia piel por el hombro...apuró, cada paso era un suplicio; ni se percató que se avecinaba tormenta. No llevaba rumbo fijo, pero necesitaba volar. Olvidarse de todo. Mientras andaba empezó a llover, al principio suavemente empapando su cuerpo abandonado a un bochorno interno incapaz de detener...a los cinco minutos la lluvia entraba por cada resquicio de su ropa...ella caminaba ligera sin prisa y en su cara se dibuja una sonrisa maliciosa...le gustaba sentirse húmeda...
Andaba y se mordía los labios dulcemente como sabía que él lo haría, se rozaba con los dientes, sin daño:- ¿No hay por qué? -pensaba-
Y seguía caminando, aunque quería volver a casa no quería parar. Sus pies chorreaban agua de lluvia y la llevaban hacia un camino sin retorno...le deseaba tanto en ese preciso momento que sería capaz de todo...
Se metió las manos en los bolsillos del pantalón, sus dedos quedaban justo a la altura de su pubis y acarició despacio a través del forro, se detuvo justo en un portal que mantenía abierta su vieja entrada...¡Tenía que entrar!
La tormenta había dejado a oscuras muchos edificios, y también había precipitado el atardecer.
Miró alrededor y sintió un escalofrío. Se apoyó en la primera pared que tuvo a mano...alguien la había seguido y se estaba acercando.
Extrañamente no sentía miedo, sino deseo...irrefrenable, loco, ...
Sintió su aliento en la nuca, ella cerró los ojos y ladeó su cabeza. El la besó y recorrió con la lengua su cuello mientras presionaba su cuerpo hacia el suyo empapado de lluvia...Ella seguía con una mano dentro del bolsillo, acariciándose con más ímpetu, la otra atrajo hacia sí el cuerpo de él. El usó las suyas para subir el jersey y abarcar sus pechos, dejando entre dos de sus dedos asomando los pezones, presionándolos con suavidad y con ansiedad por la sensación de que alguien entrase...
Él decidió bajar hacia el ombligo, refugio de tanta impaciencia, y bordeó su tripa...caricia a caricia cada vez era más rápido el ritmo
Ella se desabrochó el vaquero e inclinó su trasero hacia su miembro...su mano ya no estaba
El la izó y se escondieron debajo de las escaleras, era un edificio antiguo, y su intimidad se vería a salvo si algún vecino les oía
Entonces ella le desnudó, lamió una y otra vez sin reparo se sentía capaz de todo él tapó su boca sólo un poco, los jadeos de ella iban subiendo de intensidad pero le gustaban tanto...
El sitio era pequeño pero eso no impidió que cada vez más llegase el momento culmen....ella se sujetó a una madera con las dos manos para sentarse encima, sus brazos quedaban por encima de la cabeza de él, estaba literalmente colgada; él se sentó en un pequeño taburete...y como si de un baile de enamorados se tratase, iniciaron un compás armonioso de movimientos q en pocos minutos les hizo estallar de puro deseo.
Al terminar se besaron...
- ¡No deberías haberme seguido! -dijo ella.
- ¿Y perderme esto? -dijo él-.

Y caminaron juntos, a pesar de la lluvia.

Miltch.




Abrigo.



¡Inhalé aire!
Sabía perfectamente que estaba perdida otra vez, que inevitablemente quería sus manos entre las mías, abrigándome, sometiéndome a su placer y al mío.
¡Inhalé aire!
Entreabrí los labios para que se acercara y me amara por un instante con todo su ser...es la única forma que tiene de hacerlo, entregándose entero, sin miedo, sin pensar...rozándonos con la ropa puesta, sabiéndonos entregados. Ese instante de tiempo somos uno con identidad variable, locos por ese placer mecedor que acuna cada excitante movimiento...
¡Inhalamos aire!
La cama es refugio de calor y color 
Revueltos entre dedos que arañan los muslos y sobrecargan el pecho que baila al compás del deseo, que se estremece...dedos que alcanzan límites sin barreras y que consiguen que el balanceo de caderas excite el ritmo...
¡Sujétame, no me sueltes!
Siento cómo jadea. Entra en mí, le gusta tanto, me gusta tanto. Siempre me siento inmensa entre sus muslos... Abrimos los ojos...estamos juntos en esto...nuestros rostros se acarician cuando nuestra lengua recorre mejillas, cuello y se duerme en nuestros oídos...
Somos un sólo espasmo rodeado de posesión y armonía. Eróticos. Deseosos siempre a pesar de nosotros.

Mitch


Despídeme de ti.



Me gustaba observarla en silencio atravesar con la mirada su propia alma. Hoy reflejaba felicidad apenas llevaba nada encima y su figura se podía admirar dentro de aquel escuálido camisón rosa. Leía un libro de un autor de esos escépticos que son incapaces de comprender la existencia de seres como yo que necesitamos palabras fáciles para sentirnos humanos. A qué tanta complicación.
Continuaba absorta en la lectura ni siquiera me había oído. A veces levantaba la vista hacia la ventana y veneraba la naturaleza seguramente es mejor aliada que yo, las acacias sobresalían por encima de los pequeños bancos de piedra volviéndolos aún más diminutos, los gorriones revoloteaban desesperados de una rama a otra buscando paz, el cielo -Gracias a Dios- avecina un hermoso día. 
Sabía que le vendría bien este cambio.
Aún la miraba. No pedía más instante de felicidad, era mi gran placer, recrearme en ella mirarla.
De vez en cuando ella se soplaba entre el escote, hacía calor, y coqueta se exploraba las heridas de los años había engordado más de lo que tenía calculado, pero, seguía despertando admiración entre ellos y respeto entre ellas; por supuesto yo, seguía deseándola más que antes y que ayer y que hace un segundo.
Por un momento me estaba sintiendo mal. Aquel libro llenaba toda su atención era la única visión existente en aquel cuarto, aunque vigilaba todos sus movimientos, mi presencia no había hecho que se movieran ni un ápice sus grandes ojos verdes. ¡Otra vez lo estaba haciendo!
Soy incapaz de respetar su intimidad ella era feliz y estaba intentando destruirlo para aplacar mis ansias, deseaba gobernar su libertad, me merecía ser correspondido, nunca escuchaba mi opinión, no importaba, solo era ella y sus deseos. Algo.
Tenía que emplear la palabra adecuada para que no sintiese espiada, un ruido, un gesto, algo, pero ya.
Como siempre todas mis cavilaciones habían sido inútiles ella me había visto.
- ¿Cuánto tiempo llevas ahí?, ¿Por qué no me has dicho nada, cariño?
Su voz dulce, su generosidad y mi gran intolerancia, hacían que mi garganta inhalase demasiado aire, aquella rabia afectaba tanto a mi estómago que me daban ascos.
- No llevo mucho aquí, ¿Qué lees?
- Algo que no te gustaría, excesivo, raro para ti.
¿Has traído las lenguas de gato que te pedí?
Ella se levantó y vino hacia mí, en aquel momento se me cayeron al suelo las bolsas de la tienda estaba más hermosa que nunca me sonrió y la besé intenso.
No podía contestar. Sentía irremediables deseos de amarla en ese instante, de fundirme en su cuerpo ofrecerle mi vida por sus caricias. Siempre me dominaba, hacía de mí una marioneta desenfrenada que con violentos gestos pedía socorro en silencio. Me seguía apretando algo en la garganta iba a terminar vomitando.
Dormía y una luz tenue entraba a través de la persiana. En la calle unos jóvenes alborotaban y gritaban como si fuesen sus últimos soplos de vida, el ruido hizo que Lucía, se revolviese en la cama y se alejara de mí. Otra vez solo sin ella y otra vez ese miedo loco. Procuraba arrimarme sin que ella se despertase, lento, su piel limpia y suave, su olor inolvidable que me hacía recordarla aun estando a pocos centímetros así me sentía, tan suyo. Ella me permitía sentir esa seguridad tan efímera que se palpa al amar. Me ciega.
¡Quién se atreve a decir que el enamorado es feliz sin saber más allá de su propia posesión, y quién es el osado que se engancha a él como si supiese que le va a convenir!
Amar no es un negocio, pero te permite cierta seguridad repugnante que avala poder continuar creyendo y existir a su lado como el fiel soldado de una cruzada que busca el santo poder de la felicidad. Es una prisión para el poseído y una tumba para el humillado. Irrelevante es todo lo demás, tus angustias, tus necesidades, todo se oculta tras una pasión irrefrenable que agota tus sentidos que convierte tus facciones en muecas abominables con gestos sinceros y olvidados para los demás.
Estaba amaneciendo el sol apuntaba como un verdugo a sus ojos, ella no debía despertar. Aún no, si existe un Dios debería permitirme contemplarla toda la eternidad, esa sería lo única oportunidad para sentirla mía. Lucía tenía planes para hoy y yo sólo deseaba estar con ella en aquel pequeño cuarto en aquel servicial nido de amor que celosamente nos guardaría.
Ella y yo teníamos mucho que hablar esa era la causa de estar en Rolle, a la orilla del lago Cernerse en una villa de Suiza pasando un largo fin de semana.
Hablar, ese era el motivo de nuestro viaje sentarnos como personas sociables a conversar, me preguntaba cómo dos amantes pueden ser civilizados para qué. Se supone que es lo último que deben ser la realidad no debe alojarse en sus vidas la mezquina existencia o rutina no debe atormentar el caudal de una irrealidad subyugante de una sólida alianza, ser ante el mundo dos polígonos sin temor al riesgo. Pero ella quería sentarse frente a frente, hacer ruegos, suplicar cambios, que fuese el de antes. No podía seguir huyendo no debía asustarme, lo que ella me diría sería pura lógica, sus propuestas estarían dentro de la más absoluta cordura, como siempre. Pero quién no temería a todo aquello que se me venía encima.
Yo me estaba desvaneciendo por dentro quiero, necesito gritar…  convertirme en un oyente pasivo enfrente tengo a la dueña de mi propia consecuencia, de mi voluntad y de mi dominio. No me conozco apenas sé cómo soy, lo único tangible es que le pertenezco por completo y que no me entiendo si no estoy a su cobijo, cómo enfrentarme entonces, me pregunto, cómo desafiar el destino, debo iniciar yo la charla… ¡No!
Seguro que no hace falta, ella vino con el propósito y es tan terca que no regresaremos a casa sin hablar, pero confieso que tengo miedo, hay algo dentro de mí que se siente muy solo y triste. Se despertó y volví a habitar en la tierra dejando mi silencio descansar.
Quería ser un verdadero turista, sacar fotos a los monumentos, ir a visitar los museos o simplemente pasear con Lucía. Había sido una mañana agotadora desayunamos en el hotel, con demasiada gente, casi era imposible entenderse por el ruido estridente así que decidimos irnos.
Entramos en una vieja librería se llamaba “Estilo” y compramos una guía turística. Empezamos a andar. Lo recorrimos todo como verdaderos fanáticos sin dejar títere con cabeza. Linda se emocionó al ver la pequeña ermita que reinaba poderosa desde un alto todo el sumiso y pacífico pueblo; no dudamos en entrar, aunque la portezuela estaba cerrada casi herméticamente. La ermita era muy limitada y se notaba la mano de una mujer quizás alguna viuda adinerada que pasaba sus ratos de ocio irremediables, en compañía de los santos y la bayeta; respirabas ese noble sosiego, esa calma que sólo experimentas en ese tipo de edificios creyente o no, allí no existe ningún humano capaz de no sentir eso, aunque sea inaceptable para algunas mentes. Lucía se arrodilló frente a un icono de una hermosa virgen, parecía antiquísimo, y juraría que debía dar nombre a aquel lugar. Inclinó su cara sobre las palmas de sus manos y si no fuera por mí, hubiera llorado. De repente Linda se había convertido al cristianismo o como siempre lo estaba confundiendo todo o sólo se trataba de un desahogo.
Lo cierto es que sin decir nada me fui y la esperé contemplado y exhalando la misma paz que adentro, aquel lugar era magia pura.
No tardé en oír el portazo, ella caminó hacia mí.
- ¿Por qué te fuiste, ni siquiera esto quieres compartir?, dijo.
-Quería dejarte sola con tu intimidad y sabes que mi mayor deseo es entregarme hasta la mismísima muerte.
-Yo no te pido tanto morir a la vez es soñar demasiado.
-Sería bastante irreal para que fuera cierto -dejé el enredijo no era el momento-.
Ella caminaba ligera más que yo, deseaba alejarse le estorbaba; de todas formas, irradiaba tanta felicidad que incluso era consciente del daño que eso me hacía; saltaba, cantaba y yo detrás como un imbécil, sin más cordura que el reflejo de su alma en la infinidad de sus lágrimas.
¡Sí! lloraba, lloraba desconsolado y sin la amistad de mi propio organismo que se negaba a facilitar las lágrimas del perdón. Hacía años que no exteriorizaba mi llanto cada vez que mi alma se rasgaba me lo tragaba. Ya de vuelta en el hotel nos duchamos y pedimos al servicio de habitaciones, -más que servicio era una amabilidad de la dueña para con nosotros, le caímos bien-, algo de comer, todo frío ya que el bochorno era abrumador como para hincharte a manjares; nos pusimos cómodos y mientras picábamos ella me observaba, el movimiento de su boca, su forma de masticar me ponía enfermo. Yo ni siquiera levantaba la vista, ¡Qué frágil me sentía! La temo, sí, como si me fuera a castigar por no haber sido bueno. ¡Hasta cuándo seguiremos así! No tardó en darse cuenta de mi cobardía, de mi lentitud, de mi angustia y atacó.


-Necesitábamos estar solos, ya te lo decía yo, mejor es afrontar los problemas que dejarlos estar en casa, tú con el trabajo y yo con el mío, sólo servía para distanciarnos más, para ser capaces de huir.
- ¿Qué problemas acaso no tienes cuánto deseas, acaso no te ofrezco todo lo que tengo, lo que soy? Qué quieres de mí Lucía yo te amo y no sé lo que te sucede...
- Déjame terminar, dijo. Sabes bien lo que te ocurre siempre criticaste a los hombres que sospechaban de su mujer, decías que demasiado ardor podía conllevar a una devoción tan real que solo un egoísmo una inseguridad, una inmadurez, acababa -la interrumpí, me estaba agrietando por dentro-.
- ¿Qué intentas decirme? que ahora soy así, que te espío es mentira lo sabes. Supongo que mi cambio se debe al estrés, el viaje nos vendrá bien ya verás, dejarás de ver cosas donde no las hay.
Me levanté y cogí el teléfono.
Sus ojos llenos de incredulidad e ira me exploraban absortos sin saber expresar todo lo inexplicable de mi actitud...
-Yo no veo las cosas así, Ricardo, por extraño que te parezca las siento.
Temblé
Lucía se encerró en el baño y yo me acurruqué en la cama esperando que una mano piadosa, incluso como la de una madre, me acariciase y dijese que todo iría bien, que mi ineptitud se debía solo a la rutina al agobio tan grande que sentía, que todo pararía, que nos iría bien...
Pero aquella mano no llegó, ni la calma, al contrario, la marejada acababa de empezar.
Salió del baño dando un portazo y pululó por la habitación, para mí todo se ensombrecía, todo ¡No me lo merecía! Su cuerpo irradiaba tanta hostilidad, tanto desequilibrio que me daba pena, pero yo no podía volver a sacar el tema, evidentemente huía como un maldito cobarde. Debía ser cauteloso, en esos instantes cualquier punto de vista sería un intento fallido de felicidad, no era lícito revolver más mi basura.
Se metió en la cama enfadada con tal agresividad que sería un insulto intentar amarla, por un momento creí ser aquella almohada que azotaba a puñetazos con el fin de colocarla a su medida, se estaba confesando entre golpe y golpe. ¿Me odiaba?
La sentí sollozar, minutos después de apagar la luz... puse mi mano temblorosa en su hombro, la aceptó, se volvió y cedió su fuerza ante mí...deseaba que la amase y yo deseaba amarla...
¡Aquella noche comprendí que era un maldito egoísta, un ser ruin, que mi único error era quererla insistentemente, desesperado como me amaba a mí mismo con miedo y resignación sin tener el poder para volver a nacer y hacerme diferente!
Nada dentro de mí encontraba solución, me hundía más y más pensando cuán lejos estaba de aquel amante bondadoso y delicado que era al principio, aquel que cuidaba sus más aferrados movimientos en el estudio de hacer más placentera la vida de su amante.
¡Oh, Dios si de veras existes, ¡ayúdame!, porque siento que la estoy perdiendo, que no sé quién soy, que cada vez soy incapaz de escucharla, que no quiero escuchar una y otra vez como repite mis faltas.
¡Ayúdame Señor, porque la pierdo! -me repetía- mientras acariciaba su cuerpo aún dormido, con ese nudo en la garganta que te impide respirar, pero te hace comprender que eres un orgulloso, un inútil hasta para llorar.
Nos quedaba tan sólo día y medio para disfrutar del ambiente soñador e insólito, que aquel lugar nos ofrecía así que la decisión era clara: salir urgentemente de compras y después sentarme a entender sus ansias y anhelos, en el fondo quería saber el porqué de su desdicha.


Los sábados había un pequeño mercadillo donde por poco dinero podrías adquirir verdaderas joyas, cuadros, tapetes, jarrones, así nos lo contó la entendida propietaria del hotel.
Eso a Lucía le encantó estaba llena de emoción, le chiflaba la aventura lo desconocido, a mí todo lo contrario. Una vez en el mercado me preguntaba para qué todo lo que se estaba comprando, bastaba que yo le dijese algo para que ella llenase la bolsa de artículos innecesarios, era muy tozuda. Lo único que verdaderamente me gustó fue una pequeña reproducción de la ermita tal y como debió ser en realidad que me inspiraba la misma sensación: la añoranza de un tiempo feliz, aunque lo mejor aún estaba por llegar... esas creo, fueron las palabras que Linda me espetó al observar la expresión de mi cara
¡Realmente ella tenía tanta ilusión porque todo fuera como antes!
¡Cómo la vida torció nuestro futuro! No lo sé.


Después de casi tres horas en aquel preciado lugar para mi nostalgia, sé que regresamos al hotel, y nos esperaba un fantástico almuerzo preparado por Madame Sophie, como ella dijo: " Ya que es su último día en el hotel". Nos íbamos el domingo, al menos esos eran nuestros planes; gustosamente invitamos a Sophie a sentarse para que a la vez que saboreábamos tan exquisito manjar nos explicase cada plato; de primero nos preparó un caldo que no recuerdo los ingredientes pero sí el sabor más bien salado, bonito en rollo, con una salsa marinera harta de especies cosa que nos sorprendió ya que en esa época del año era muy difícil conseguirlo en esa región, y por último un postre que a base de miel almendras y crema pastelera.
¡Todo excelente! 
Qué irónico. Ya en los cafés comprendí lo difícil que se ve pasar la vida a través de unos ojos cansados, la soledad en la  vejez es lo peor que existe para el ser humano, dejar de sentirse necesitado, la falta de cariño, mantener todavía alto el listón del genio para que el mundo no abuse, seguir adelante cuando en realidad lo único apetecible sería sentarse a descansar y dejar que el tiempo pase, de vez en cuando rozaba su mano con amabilidad algún cliente, esa era quizás su mayor recompensa.
¡Llegar a viejo es morir poco a poco!
Acompañar a Sophie esa hora hizo muy feliz a Lucía hablaron de sus cosas y entre toda la conversación me quedo con un consejo, recomendó a mi mujer tener pronto un hijo que no debía dejar pasar la oportunidad que luego sería injusto aspirar a lo que otros tienen o sienten por ser un poco egoístas. Linda le respondió que no era el mejor momento, Sophie le advirtió que ningún momento era el adecuado para tener un hijo que ante la viveza del amor sólo tenía la ventaja de ser joven. Subimos al cuarto, estaba ansioso tenía un regalo, le había comprado en el mercado mientras ella se distrajo una caja de música en madera de roble de aspecto rústico y con un pequeño hilo de oro alrededor de una inscripción en negro que decía algo así como: "Siempre tuyo". Ya en la habitación mientras ella se ponía cómoda intenté, haciendo un amago de manitas, envolver mi regalo lo mejor posible, al salir del aseo me apoderaba una inquietud, ¿Le gustaría?, ¿Probaría esto mi intento de reparar el daño que le estaba haciendo?
- ¿Qué haces ahí sentado?
- Toma es para ti.
- ¡Pero, ¡cuándo, qué preciosidad! -me miró, su rostro reflejaba tanto amor- ¿Qué música suena?
-Es el Adagio de Albinoni, seguro que lo has oído en alguna película, ¿no te gusta la inscripción?
-Si, sé que siempre serás mío que nadie podrá llenar tú alma como yo, si algo puedo hacer dímelo, somos una persona y tus miedos son los míos. Ricardo quiero ayudarte no estás solo dime qué tienes, por qué has cambiado así, yo...
¡Grité como si se me fuese la vida en ello! ¿Qué me estaba diciendo?, ¿a qué este acoso? Le dije que me dejase en paz, que cuando llegásemos a casa iría derechita a un psicólogo, que la problemática era ella. Yo era perfecto. Lucía no cesaba de llorar, suspiraba y me miraba horrorizada, por el contrario, yo hacía tales aspavientos que parecía un personaje grotesco, me contemplé en el espejo y un silencio delirante pobló todo el cuarto…
 ¡Qué me pasa, qué estoy haciendo! -pensé-. Me arrodillé a sus pies.
- ¡Ayúdame, por lo que más quieras, ayúdame!
Apreté mi cuerpo contra ella y como un niño desamparado me acuné.
-Todo se arreglará, no te asustes- repetía Linda sin cansarse-. Estoy aquí.

Ella seguía llorando a la vez que acariciaba mi pelo. Me metió en la cama, me contempló durante un largo rato sin decir nada solo nos mirábamos luego, me dormí. Al despertar noté la falta salté de la cama y miré alrededor, allí estaba se había quedado dormida en el pequeño diván, seguramente tras no poder controlar más su llanto.
Qué vulnerable soy sin ella. Debía tener frío, pero no quería despertarla así que solo me acerqué y la observé una y otra vez, me quedaba tanto para aprenderla de memoria que no me cansaba de adorarla. Se merecía toda mi cautela, mi atención. Era tan bella, cómo podía estar haciéndole tanto daño.


¡Confusión!


Cuando eres joven y vas comprendiendo las telarañas que te ofrece la vida, te advierten de los peligros posibles, dejas el llanto en el vientre de tu madre, y sigues; pero en el amor nunca aciertas, pides más de lo que te dan porque estás acostumbrado a ser egoísta, pides entendimiento y ni siquiera comprendes que la vida se complica por tu culpa, pero en el amor se llora, se sufre, se es protector, egoísta, desalmado,  interesado, exigente , espantoso, considerado,  generoso, derrochador, cómodo y en el fondo existe algo que acalla o niega todos los sentimientos más eternos que pueda imaginar, la maldita cobardía.
¿Cuántas veces se omiten verdades para no hacernos daño? ¿Cuántas veces en nombre de tu amor juras en vano?, ¿cuántas veces en nombre del amor desafías el destino ajeno?, ¿cuántas veces en nombre de ti mismo te dices que todo va bien?
Engañarse es muy fácil, compadecerse es aún más condenable.
Estuve un instante mirándola con mi alma, acariciando su piel, cada rincón era un tesoro preciado de mi posesión no tiene miedo, el límite estaba en nosotros mismos, pero eso no servía no bastaba no sopesaba lo demás.
La vida se equivocó con nosotros, nos cedía tan sólo la cara más agria del amor aquel cuento se parecía ya al de Pandora, por ahora mejor era mantener la tapa cerrada. Nos vestimos de noche nos fuimos y dejamos en el olvido las horas amargas.
Hacía calor, pero se soportaba la brisa te ofrecía la posibilidad de creer en los dioses, aquella luna que jamás olvidaré, lucía en el cielo dominando todo, como Linda, era la estrella principal de aquella película y yo era tan sólo el apuntador que espera ante la mirada de la artista una debilidad, una necesidad, para amarla.
¡Me conocía tanto!
Es terrible averiguar qué todo a tu lado sigue un proceso, y tú te empotras en tu mundo como un observador mudo y sordo que no entiende de señas. Ella me lo decía con los ojos, con sus manos, con su cuerpo expresaba y pedía un auxilio ¿Por qué fui tan necio?
La velada estaba siendo fantástica, bailamos un par de piezas muy lentas como si en cada movimiento acariciásemos una ilusión, la posibilidad de seguir eternamente juntos, mimando cada misiva que telegrafiaban nuestros latidos, un instante para no olvidar...volvimos y entrelacé mis dedos a los suyos, respiramos y juntamos nuestros cuerpos en la suavidad de las sábanas, suspiramos y apagamos la luz...casi era de día, pero nosotros todavía sosteníamos el faldón a la luna...



Llegó ese día, daría lo que fuera por alejar ese recuerdo del baúl de mi memoria, me hace heredero de mi propio infierno, me atormenta vivir. Linda se levantó bruscamente y hurgó en su bolso, sacó un cigarrillo y lo encendió; yo la miraba con recelo, ¿qué iba hacer? de sobra sabía lo que se me venía encima así que no salí de la cama.
-Déjame hablar y por Dios no me interrumpas. -suplicó
Se sentó en la mecedora que estaba junto a la ventana y el humo del cigarro volaba libre por ella, eso quería hacer yo...
-Linda tenemos que prepararlo todo hay mucho que empaquetar, si quieres...
-No, maldita sea, no lo hagas, necesito hablarte, que me escuches y me respondas, que no te quedes inmóvil ante mis acusaciones, que te defiendas pero que en definitiva me digas algo. No lo arregles con un beso.  Necesito más, lo entiendes, de esta habitación tiene que salir arreglado tu problema, no me iré contigo a casa.
Sé que tenía que ofrecerle esa paz que me exigía, escucharía su queja ya que solo pensar que me podría dejar me daba ganas de vomitar... ¡Miedo!
-Ricardo-dijo-estoy harta de ti, no soporto verte huir cada momento, has cambiado, te siento extraño, te has vuelto un desconocido, en tus brazos siento un engaño tras otro, estoy defraudada y eso está haciendo que me hunda, me miras y reflejas falsedad... te llevas vendiendo desde hace meses, me dices que la extraña soy yo...No dudo de tu amor dudo de ti, que es aún peor, te has convertido en lo que jamás pensé, un celoso cobarde y desequilibrado...te estás llevando mi juventud, y mis días, pero lo peor de esto es que no lo reconoces y eso...eso me asusta Ricardo...
Yo giré la cabeza en busca de su rostro estaba desencajada, le estaba costando decirme todo eso, lo sé, quería explicarme y la voz no salía de mis entrañas...
...te has vuelto un dictador y desestimas mi voluntad. ¿Crees que no me doy cuenta? La ley de los varones es así, cuando os sentís envejecer acotáis el terreno como si de ovejas se tratara. ¡No es así, maldito seas contesta!...
-Yo...es que...pero- no me salían las palabras, necesitaba escuchar tanto de mí, y no era capaz de emitir tres sonidos coherentes.
- ¡Quiero saber por qué te enfadaste con Andrés! ¡Sólo fue un ramo de flores! Un compañero de tu trabajo, con el que te vas de copas desde hace casi seis años, se limita por cortesía a obsequiar a la mujer del que considera amigo, y encima admira como hombre, a enviarle un insignificante ramo para agradecerle un favor que le hice... Pues eres tan extravagante en tus ideas que te imaginaste una aventura, casi consigues que Andrés terminara con su compañera y has roto una amistad sincera... pero no, tú sigues diciendo que no te ocurre nada, te inventaste un cuento tenebroso y me costó hacerte entender que no era cierto...
Se puso a llorar como una niña desvalida...
-Ricardo, necesitas ayuda, yo...ya no puedo creerte más...
-Oye, Linda, yo te quiero, te lo doy todo o no te he dado este viaje...
-Lo del viaje era una escapada para ti, esta conversación estaba pendiente desde mucho antes. No seas testarudo...Quiero ayudarte.
Se hizo el silencio, se sentó de nuevo en la silla y lloró.
-Linda, no llores por favor sabes que no lo soporto.
-Y qué quieres que haga si es lo que me pide el alma, llorar y llorar, solo piensas en el daño que te causan a ti mis lágrimas, detestas escuchar lo que no es en tu propio beneficio, hay momentos en los que me siento tan desdichada, que me culpo de tu agresividad...pero tú eres dueño de tú propia voluntad ya ha pasado aquella fase en que tú eras yo y yo era tú; lo único que tengo claro es que estás destrozando nuestro matrimonio y  que no será porque yo no intente remediarlo, aunque también tengo claro que no me hundirás contigo, estoy harta.

La dejé llorando y fui hacia el baño ella vino detrás de mí, yo en actitud agresiva me volví y le dije que si lo que quería era el divorcio que sólo dependía de ella, "Ves Ricardo como no entiendes nada"-me dijo.
Eché el brazo hacia atrás en un amago de que me dejase a la vez que le di la espalda y entré…



Así lo recuerdo, así lo tengo grabado en mí tortuosa memoria que cada día se siente más indefensa esperando una maldita respuesta.
-Don Ricardo, ¿está usted seguro, no la agredió, no la empujó intente recordar? - Dijo el detective Rollan, que curiosamente era el sobrino nieto de Madame Sophie.
-Se lo juro- y continué.
Me miré al espejo del baño y me lavé las manos ya que me sudaban y entonces comencé a explicarle lo que me sucedía:
"Linda sé que he cambiado, ya no soy el mismo, todo se arreglará cuando visite a ese amigo tuyo psicólogo y me explique de dónde viene estos miedos, voy a poner todo de mi parte, te  lo prometo, pero no me dejes te lo suplico... te necesito... ya sé que siempre me dices que el amor no es necesidad, que es demostrar día a día que intuyes el alma del otro, pero tengo horror a enfrentarme solo a esto lo entiendes verdad"
                                                                                                                          
-Y qué más ocurrió, venga dígame- dijo el detective.
-Le pregunté si me escuchaba, y al no contestarme salí y la vi tendida en el suelo.
¡Dios mío Linda! ¿Qué te pasa? ¡Contesta Linda! La apreté contra mí y le repetía una y otra vez, que no me dejara.
-Y entonces es cuando yo entré y vi a la señora tendida en el suelo y al señor abrazándola...me di cuenta al acercarme que estaba muerta... yo no creo que el señor, bueno que él haya sido quien... ellos eran felices, aunque tenían problemas, la señora Linda me dijo que eran pequeñeces, ella lo amaba profundamente y él...
-Bueno tía, lo que tú creas no es admisible, la escena de este aparente accidente y lo que realmente ocurrió sólo lo sabe por el momento, el señor.
-Le juro, yo no sé cómo fue... sólo sé que pretendía que se calmase y por eso fui al aseo, y al salir estaba...
-Sí, si ya me lo ha contado, pero debo esclarecer todo, están haciendo la toma de huellas los del laboratorio me enviaran cuanto antes el informe, y por supuesto como siempre en estos casos la autopsia será el dato más favorable para saber la verdad, ¡Don Ricardo debe colaborar!...
-No sé en qué, pero estoy aquí ya no tengo dónde ir...



El informe forense no se hizo esperar.
Le hicieron la autopsia y descubrieron que Linda había tropezado contra la cama por una pequeña herida en la nuca hecha al caer, tras sufrir un desmayo probablemente tras la discusión. La causa de la muerte fue que al caer se desnucó...Lo más triste es que Linda estaba embarazada...
-Creo que está todo claro, aunque personalmente seguiré investigando, puede marcharse, y hacerse cargo del cadáver, si no es hoy puede venir mañana... De momento no se ausente.
-Sí, así esta noche descansará -dijo Sophie- llevamos demasiadas horas en la comisaría, debe intentar dormir.
-Puedo ocupar la misma habitación- rogué al comisario-
-No veo por qué no, si usted es capaz de aguantarlo por nosotros no hay problema...



Llegué solo al cuarto, cómplice de dos amantes que negaban su lugar en la vida...aquella cama estaba sola y yo lo estaría para siempre; coloqué algunas cosas que estaban tiradas por el suelo y su ropa impregnada de ella, y del bebé...
Me tumbé, todo había sido un sueño seguro, - me repetía sin cesar- Pero abría los ojos y no estaba.
¡Temor!
Tengo tantos recuerdos que no vivo...Añoro el brillo de sus ojos, suplico otra lágrima de aquellas fogosas de gozo que brotaban de sus risas...Creí en nuestra fe como el que se agarra ingenuamente a un mundo de ficción, como el que nada en su propio abismo, como el que lucha en medio de la nada por morir amando.
¡Y de qué me sirvió!, A qué tanto empeño por seguir mirándote, recordándote, llorándote, suspirándote. Para que tanta farsa, si no te tengo ni tus rincones soñados ni la senda de tu cuerpo me traen la paz.
¡Condenado! Quizás porque al amarte, al entregarnos todo lo que merecíamos nos alimentábamos sin pensar.
Lo único que me hacía persona era tu amor, fui hombre, ahora soy paja.
Supe lo que es llorar sin lágrimas por orgullo, orgullo de amarte, supe lo que era Dios tan solo averiguando tu dicha, lo que te gustaba...
Y ahora vacío y solo, la vida me ha dado el mayor castigo: ¡Vivir sin ti!
Aquellas dos lágrimas, ¡Cómo olvidar!
Un trueno irrumpe en la quietud de la noche, como tu llanto inocente que suplicaba vivir... tú me hiciste enloquecer, tú me llevaste al abismo del odio.
¡Yo tuve que hacerlo!
Para saber lo que es vivir sin amor; tú y yo sabemos la verdad, y sé que, en ti, donde quiera que estés, no hay rencor, porque me estarás viendo mal vivir y eso será suficiente.
Escuchar tu cajita, con la dulce triste melodía me atormenta, pero lo hago por ti.
¿Dónde recostaré ahora mi alma?
Lloro mucho desde que no estás, sin brotar de mí esa agua salada que me hace humano, por mi Linda, mi otro yo.
Así todo no cambiaría ese pequeño secreto que tú y yo nos otorgamos, esa huella de paz que quedó en mí sombra.

 Mónica Solís (Miltch)




                                                


                                    


13 oct. 2019

Náger y Tamir. La leyenda


                                             


Cuentan que la ciudad de Pamú, estaba a punto de despertarse al fondo de su inmensa colina, y lo hacía por el alboroto que las alas de miles de mariposas de infinitos colores y una sobre todo una la de color azul que obligaría a Náger a escoger su felicidad en las próximas horas…
Pamú avivaba, porque la luz del Sol asomaba en el horizonte y también porque ya era hora, y se colaba entre su rocoso y árido suelo de infinitos agujeros que desde el cielo parecían lunares de blanco travertino llenos de agua que se precipitaba por la cascada más grande que os podéis imaginar, una catarata mágica del que todos sabían el origen de esa linfa bendita porque, hacía décadas que en Pamú no llovía. Náger adoraba soñar. Haciéndolo era feliz, de una manera inexplicable, de esa forma en que no solo el dormir descansa el cuerpo si no que durmiendo y soñando era como Náger arreglaba su vida, la de su familia y la de su pueblo. Un pueblo que la había visto crecer y que siempre la había dejado corretear y explorar sin miedos, sin castigos, sin ninguna obligación nada más que la de ser dichosa y despreocupada, y que a sus dieciséis primaveras todos menos ella, sabían que ocurriría.
Hoy cumpliría esa edad en la que sin saber a penas que significa ser leal se le reclamaría, y ella cumpliría al compromiso que al nacer pactaron con su sangre sus padres, con la desdicha del llanto de aquel bebé. Iba a dejar de volar hacia las nubes esponjosas y mullidas de sueños de colores, de verse reflejada en los ojos de sus vecinos, amigos, hermanos, padres, para convertirse en…Se desperezaba abrigada con su larga melena dorada rodeando su silueta; cuerpo que se estaba convirtiendo en divino y nuevo. Sus formas se estaban redondeando, sus senos voluptuosos y sus caderas en formadas ya enseñaban en qué tipo de feminidad recaería su obligación…
Tamir, tenía un año más que ella. Nació en verano cuando los dioses regalaban al mundo su mayor de sus tesoros: el calor del astro rey. Siempre fue su mejor compañero de aventuras y llenaba sus horas de magia al mirarla. Según crecían, en él nacía el mayor sentimiento que abraza la inocencia y estaba seguro que llegado el momento, serviría para defenderla de todo mal, todo iría bien, que no pasaría nada que Náger entendería que él no la pudo poner en aviso y que no le faltó a la verdad, simplemente no podía hablar.Todo el pueblo callaba. Todos silenciaban un destino irremediable, todos lloraban en silencio porque adoraban a esa niña.
Saltó de la cama alborotada. Le encantaba su cumpleaños. Además del sol, de los sonidos del día en la aldea, el olor de su madre cocinando dulce le recordaba que hoy se celebraría su fiesta que vendrían todo el pueblo con regalos, era el día en que se sentía como una gran diosa, que los músicos encantarían sus bailes rítmicos, que no se iría la sonrisa de su rostro hasta que desfallecida de agotamiento volviese a tumbarse en su camastro a dormir la vida. Su madre le hacía delicias con alimentos de los dioses. Entre muchos, la deidad Petricor, había regalado a los humanos la oportunidad de cultivar el fruto del árbol para alimentarse de sus bondades solo hasta el día que Náger cumpliera los dieciséis años, y a ella le daba la vida comerse todo el chocolate final que cocinaba.
A Petricor le ofrecían cestas de frutas, abalorios hechos a mano, y cuencos llenos de un caldo a base de plasma humano. Náger ya estaba acostumbrada, formaba parte del ritual anual sentarse en la cocina de su casa a comer chocolate mientras su padre con gran delicadeza sajaba el brazo izquierdo de su hija y el flujo caía en el cazo de la mezcla final a la que también añadiría la de su madre…Ella ni se inmutaba. Muy por el contrario, era cuando a edad temprana su llanto se oía a través de las montañas, llegaba a las praderías y a la urbe y hacía estremecer a todos. Aquel llanto paralizaba la vida. Eran las únicas mañanas, las que cumplía, cuando el cielo se oscurecía y las nubes amenazaban con abrirse en una terrible borrasca…pero nada ocurría…ella de tanto lloro, se quedaba dormida y se calmaba. Petricor, no cumplía su amenaza, la aldea un año más se quedaría sin oler a tierra mojada, no empaparían sus cuerpos con agua limpia de vida…Todo esfuerzo era poco para tratar a esa deidad con sumo respeto en un intento de hacerle ver que aquella criatura no merecía tan ingrato destino. Aquel perfume desierto de vida, engullido por aceites de condimentos, aquellos tonos rojizos y secos que lloraban por las piedras…vislumbraba el infortunio de Pamú, Náger, y por ende, el de Tamir.
Hoy terminaría todo.
Tamir corría veloz. Quería llegar cuanto antes y darle su regalo. Lo había envuelto entre telas que él mismo había lavado, arriesgándose a ser perseguido por la reina de las mariposas azules, la que era portadora de mayores males de la tierra, entre las aguas de la cascada. Había hecho un atado con una cuerda que había decorado golpeándola contra la piedra de la montaña que resguardaba el lugar. Dentro, un trozo de piedra de luna un mineral poderoso que equilibra la energía, es la piedra femenina por excelencia. La encontró en una de esas mañanas que a escondidas salían del pueblo en busca del oro de la vida que tantas historias escuchaban a los ancianos, cuando Pamú tenía río, y verdes árboles y olores sanos…cuando la vida era placentera de verdad y jamás se hablaba de Petricor porque no había sido creado, no existía como maldad suprema. Tamir jugaba a subirse en las piedras cuando algo le deslumbró, miró hacia el suelo lleno de grava y se encontró esa piedra que guardó con celo e impaciencia para Náger. Se la enseño a los más íntimos a su familia, y todos sintieron alivio…no se veían ya, habían desaparecido…alguna hada la había la dejado para que él la encontrara, decían. Albergaban la esperanza…
Llegó a casa y Náger estaba más bella que nunca. Su madre le había cosido un ropaje más fino con hilo blanco y adornos verdosos un color poco visto. El día que ella nació Petricor le dio hilos de colores indicando que solo se usarían al llegar este día para el sacrificio. A Tamir, se le hacía congelado la voz, no articulaba palabra se había quedado pasmado ante la maravilla que tenía ante sus ojos. Le hablaría de sus sentimientos en cuanto tuviera ocasión, quedaba poco tiempo. Náger se reía como una chiquilla ansiosa quería curiosa, saber qué obsequio le traía este año. Al abrirlo todos se quedaron maravillados y su madre se echó a llorar. Nunca la habían visto llorar. Siempre se mostraba valiente y fuerte. Pero hoy la vida de su hija llegaría a su fin, si los dioses buenos no lo remediaban. Guardó la piedra en un bolsillo interior del vestido y dijo que siempre la llevaría con ella y le dio un beso en la mejilla a Tamir. Ella también empezaba a quererle de otra manera y eso la tenía emocionada, era la serendipia mas bonita de su existencia…y lo sería para siempre, perfección, su infinito y sucedió así de repente, mientras pensaba en otra cosa, mientras sus días pasaban plácidos…
Los vecinos se agolpaban a la puerta de casa. Querían ver a su salvadora, aunque ni se imaginaba semejante cargo. Sus padres querían que disfrutase, no querían hablarle de su fin. De repente, Náger sin llegar al quicio de la puerta, sintió el aleteo de miles de mariposas recorrieron el cielo. Venían avisadoras, sin preguntas, con un fin. La mariposa azul las obligaba. Náger sonrió y ellas celosas de su belleza, aletearon más fuerte moviendo su larga melena rubia, la invitaban a irse con ellas, pero Náger no entendía su mensaje. Siempre decía a sus padres que las mariposas que vivián en la cascada le hablaban y contaban historias del limbo al que un día con ellas regresaría, que era de donde salió su alma, a donde pertenecía. A su madre se le helaba el corazón cada vez que le escuchaba decir eso. Y hoy era el día. Hoy deberían devolver a su pequeña a Petricor que les dio el don de la alegría solo por el tiempo límite. Tamir empezó hacer aspavientos para que se alejaran, no dejaría que se fuera con ellas, pero Náger, le sujetó por el hombro y le miró. Entendió que ella ya se dio cuenta de todo, que debía irse, caminó por la ladera y a su paso el suelo comenzaba a oler a lluvia, y el cielo se tornaba oscuro de tormenta, y el aire ventoso movía su vestido nuevo que marcaba su silueta, su pelo se alborotaba hacia atrás, observada por todos sus vecinos que desesperados le decían: “Gracias”.
Su rostro se llenaba de lágrimas al oír los gritos y llantos de su familia. La cascada dejaba de emanar agua secándose cuanto más se acercaba ella. Moriría por su pueblo, y le perdería a él. Tamir, la seguía, se enfrentaría, lucharía por su amor. Han desaparecido las polillas, y todos los insectos que convivían con ellos y que hacía dieciséis años llegaron a Pamu. Todo estaba cambiando, todo llegaba a su fin. Solo se iluminó la cascada para recibirla, la luz incidía en su muslo izquierdo, tanto que quemaba. Náger estaba ensoñada algo protegía su ser que le permitía una rara consciencia. Era el regalo de Tamir, estaba claro que era mágico. Él saltó desde una piedra elevada en un lado del chorro iluminado y se puso delante de ella como un gran y fuerte protector. Gritó moviendo la cabeza a los lados advirtiendo que él daría su vida por ella, que no podía irse. Ella se agarró a su cintura invadida por el peso de su propio cuerpo, no se sostenía, se estaba muriendo…enfrente de él una inmensa crisálida se instaló al lado de su rostro y le sopló. En ese momento Tamir se quedó mudo para siempre, pero con vida y contemplo sin poder moverse como el cuerpo de su amada se rendía, se apagaba, se moría.

Al instante los colores verdes, los árboles, las flores, los sonidos de la naturaleza que años atrás habían desaparecido por el propio mal que hacer de los hombres al no apreciar su valor, regresó.
Se había cumplido la leyenda de Pamú que contaba la historia de un amor temprano el de Náger, la piedra de luna y Tamir el joven mudo que la amaba, Y dicen que se quisieron por siempre y desde el instante en que a la aldea volvió a llover.











By Mónica Solís (Miltch)

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19 sept. 2019

Pasos



Hacia dónde camino.

Deambulo por un sendero largo y espeso. La niebla invade el claro del bosque pero distingo a pares dos rutas. A la derecha o a la izquierda no hay duda que estoy donde tengo que estar parado en medio, decidiendo, afrontando, llamando a las cosas por su nombre...esas cosas que se agolpan en mi baúl haciéndome preguntas, por eso sé que realmente merece la pena elegir. 

Me froto los brazos erizados por el frío y lleno de recuerdos...tus labios amables, de tu piel ligera de miedos, de tus ojos hambrientos de largas charlas, de tus muslos abiertos a la complicidad...y en el fondo sé que estoy perdido, que otra vez estoy clavado en medio, porque espero que me lo des hecho, que no me pidas nada, que nos dejemos llevar,...pero te hartarás, te equivocarás si crees en mi valentía...cubre tu espalda, amable del tiempo, tapa tu boca cargada de emociones casi bíblicas, tu religión es mi religión, tu calvario de dudas es el mío...
Me vas a pedir, vas a derramar un: "Te lo dije". 

No quiero jugar, quiero quedarme con la ficha ganadora, quiero que ganemos juntos, quiero que construyamos vida, que intentemos ser valientes a pesar de los ayeres...
Quiero abrazos sin explicaciones, que poses tu mano en mi espalda haciendo fácil las miradas. 
Quiero que me digas, que me calles, que me llames, que me grites, que si estás solo rodeado de gente sientas que estaría bien que estuviera allí, para reírnos juntos, subir el peldaño de la mano y escondernos en el desván para besarnos como de niños jugando al despiste pero seguros del cielo que hace de  cómplice. Quiero una cerveza de confianza con una espuma que desborde el enamoramiento de las emociones cuando estamos juntos.
Suena fuerte, da miedo...

Los otros hablan de "amor inteligente" ese que da la edad y los golpes, ese en que la piel no se muestra, se acurruca en el olvido, que se conforma...hablan de ese amor, el que debes quererte a ti para ofrecer calma, sosiego...aburrimiento.

Nadie recuerda ya en esta era la emoción, las mariposas, la centella que te atravesaba hasta el estómago cuando te dejabas llevar por el ímpetu...pero yo soy así...resbaladizo.

Tengo tanto que dar que no sé mostrarme, que reprimo y sucumbo al miedo a fracasar...desconfío, niego lo que siento, busco mis defectos en ti para no abrumarme con la culpa, quiero tanto que tengo miedo asustarte...

Dame confianza, dame lo que te pido y seremos felices... no es mucho...es mi terca manía de ponerle nombre a las cosas, de contratar los sentimientos, de mi inseguridad segura y de mi perfecta imperfección...

Siéntate conmigo al borde de la cama y cuéntame un cuento de esos que me hagan creer, de esos de final feliz...pues creo firmemente que los humanos sabemos sí queremos vomitar el alma en una sola caricia, en una sola mirada...

Sigo mirando los dos caminos el de la derecha y el de la izquierda, ya ha salido la luna que me mira como tu...pero esperaré a que llegues para elegir uno pues no tendría sentido decidir cuando ya tengo claro que sin ti mis pasos serían sin sentido, no se dirigen hacia ningún lado porque sin ti no hay camino que valga una ruta.

Cogeme de la mano, tengamos miedo...pero juntos...Miltch

26 may. 2019

"Héroe"

"Para ella eras un súper héroe.
Por tu abrigo azul...por tu rostro en el que a veces se sentió...
Por tu sonrisa de dientes alineados...por tu mirada avellana...por tus caricias con manos firmes...por tus inmensos silencios y pies cruzados...por tu forma de comer cacahuetes...por tus manías que fueron suyas un tiempo...por tu forma de escurrir los platos después de lavarlos, por tus almuerzos inventados con sabor a rico... por tu colección de monedas, por como combinas los colores en tu súper traje, por tus rituales de belleza, por ser leal solo a ti mismo...
Pero por encima de todo eres un héroe por tu gran capacidad de olvidarla..en eso amigo, has sido único.
Ni la luna lo entiende...M.S. (Miltch)



Imagen: pixabay

5 abr. 2019

Animal



"Viajando en el coche hablabas de mariposas en el estómago, de esas que te elevan al cielo con su colorido aleteo, e hiciste imaginar a quien te escuchaba que parte de ese vuelo era gracias a que estaba atento, con ojos de parvulario...
Créeme amigo esa lamparilla te queda grande y tu vientre es frío y estéril.

Decías que no soportabas la gente que acababa siendo desleal a todo, que tu la bloqueabas de tu vida...y amigo alcanzaste el nivel diez de la falsedad vendiendo tajante lo que no eras...
Decías que siempre ibas a estar, que jamás llegaría a sentir morriña por tus ausencias pues volverías y que incluso en esa distancia estarías, que las nuevas tecnologías nos ayudarían a estar juntos, que nos veríamos a través del ordenador o el  teléfono.
¡Amigo, eso tan solo confirma la distancia!

Mentiras y más mentiras

No entiendo ese tipo de amor que se rompe a la primera de cambio podríamos decir el amor actual,  el que dura hasta el mismo instante que nace un problema. Cuando uno enferma, cuando hay que buscar una solución, cuando uno falla, cuando uno está triste, cuando lo cotidiano ya no es vivaz...
Yo entiendo el amor como el vivir de dos seres que se complementan...
Sabías que no iba a ser fácil, tenías seguro que al principio te daría la lata, que somos diferentes, pero que siempre te seguiría ahí donde fueras, te esperaría y vas y me dejas...
El amor es sencillo, único, verdadero, leal...y hoy me encuentro tirado porque tú no me quisiste ni un poco o esto no hubiese acabado así.
Nunca te importé, aunque colgabas fotos en las redes sociales de los paseos que nos pegábamos por los rincones únicos de Asturias.

Pero, tranquilo, me superarás.
Los seres humanos sois como el ave Fenix, resilencia lo llamáis, capaces de vencer y tirar sin miedo con el día a día, y de empezáis de nuevo olvidando, haciendo borrón y vida nueva...

Sin embargo yo no puedo, yo no sé, yo te añoraré siempre, me moriré pensando en ti...

A mí me encantaba mirar a las mariposas contigo.
Atentamente, tu perro". M.S.(Miltch)



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Prince atento







Rulo en su salsa


Nota: Más de 138.000 perros y gatos fueron recogidos en España durante el año 2017
         En esta Semana Santa se volverán a disparar los abandonos de animales "regalados" en Navidad.